Y, una noche, la ciudad de Buenos Aires volvió a musicalizarse con canciones de Eté y los Problems en vivo.
✎ Pablo Díaz Marenghi
El rock y la República Oriental del Uruguay: un maridaje particular. Dicen que el comienzo está allí. Con Los Shakers y otras experiencias. Cientos de bandas, de sucuchos y de grandes estadios, cruzaron el charco y resignificar aquello que llamamos música rioplatense. Eso que permite que dialoguen tan bien el tango, la milonga, el candombe y el arrabal con la murga, y el brindis por Pierrot. Para muestra, vean Charco, el notable documental dirigido por Julián Chalde, con narración de Pablo Dacal y guion de Martín Graziano.
En ese interín, una banda surgida hace ya más de dos décadas, comandada por Ernesto Tabarez alias Eté llegó al país una vez más y aterrizó su nave de sonidos de luminosa melancolía en el inoxidable Salón Pueyrredón, para los festejos de su 28° aniversario.
Parafraseando a Ricky Maravilla me pregunto: ¿Qué tendrán estas canciones que me vuelven loco? La mayoría con un tempo suave, un compás tradicional de rock, mid-tempo, con sutiles colchones de teclados que en vivo ganan aún más riqueza comandados por la magnética Bárbara Jorcin; letras que le cantan al desamor y en su último disco, Plata (2024) a una costa brava, un río, una brújula y una botella arrojada al mar.
En un recital de los Eté, todo se corea, se grita, se vitorea y se hace quilombo. Se festeja y se canta “Traigan al gorila de Milei, para que vea…”. “Falló la prueba de sonido pero igual vamos a hacer tremendo show”, dijo en algún momento Ernesto. Por momentos más punks, como en “Ruta 8”, y a veces más introspectivos, Eté mete al público dentro de su propio ritual. Las paredes del salón, viejo y querido templo punk, parecen comprimirse en una suerte de embudo sonoro. Pánico y locura en Avenida Santa Fe 4560.
Creo que después de haberme dejado llevar por el placer astringente de la segunda cerveza, adormilado entre nubes de humo, llegué a la clave. Entendí por qué me fascinan tanto estas canciones que son una suerte de mixtura entre La Vela Puerca —Seba “El Enano” Teysera produjo su último disco y canta en “Hijos del mar”— con El Mató (Escuchen “Jordan” y después me cuentan). El blend justo y necesario entre el rock alternativo y el rioplatense.
La voz aguardentosa de Eté le da vida a canciones que pueden alivianar la derrota cotidiana. Aquella que señala que el saldo insuficiente en la cuenta bancaria es el haiku de los pobres. La banda sonora de la batalla. De todas. Porque todo es la batalla de algo para alguien. Y mejor pelearla con estos hijos del mar zumbando alrededor de tus oídos.