Entrevista a Sangre de Barro, banda integrada por Juan Marcos Borba, Seba Romani y Cobra Rod.
✎ Lala Toutonian
Sangre de Barro vuelve a romper el silencio con algo más denso que un disco: un círculo. Círculo de agresión, un EP como misa sagrada. El trío formado por Juan Marcos Borba (Sutrah, Célula, Childhood) en guitarra y voz, Seba Romani (Narcoiris, Mondo Dromo) en batería y Cobra Rod (Poseidótica, El Festival de los Viajes) en bajo y coros, regresa con una nueva entrega luego de su primer disco homónimo editado en 2024 por Aquatalan Records. La fecha marcada es 10 de julio, y no por casualidad: algo se va a incendiar en Club V.
Grabado entre Urizen y FinDuMonde, mezclado por Seba Barrionuevo y masterizado por el ex Jesus Martyr, Martín Furia (Jurassic Recordings, Bélgica), este EP suena global pero sucio, sofisticado pero salvaje, como si las máquinas hubieran aprendido a gritar. Y sí, habrá edición limitada: 50 vinilos de 7 pulgadas. Pieza de colección o arma arrojadiza, según quien lo escuche.
El nombre Sangre de Barro tiene una potencia visual inmediata. ¿Qué representa para ustedes? ¿Qué significa esa imagen en este presente argentino?
Sebastián Romani: Cuando arrancamos el proyecto con Juan, no teníamos nombre. Un día nos juntamos en mi casa y se nos ocurrió hacer un juego: agarrás un recipiente y cada uno escribe cinco palabras, las meten dentro y van sacando palabras armando como un cadáver exquisito pero de palabras. Y así salió cualquier cosa. Salió, no sé, perro peligro, sangre de santo… Y en un momento salió sangre y luego barro y dijimos, ¿sangre de barro? Y dije, ahí puede andar. Tiene mucha potencia. Luego supimos que había un libro con ese nombre, una novela. O está Arde la Sangre, la banda de Corbata; está Barro, que es la banda de Catriel. Pero, bueno, sangre es una palabra muy común, pero bueno, es verdad, es que suena copado.
Hay un pulso existencial en sus letras… “Mundo actual” tiene ironía también. ¿Cómo se escribe desde la rabia sin caer en la consigna?
Juan Borba: Hay algo de ironía. Ya somos grandes, a mí me cuesta muchísimo la manera de consumir música, las redes sociales. Todo eso me aliena. Por otro lado, es la manera que uno tiene que comunicar hoy y la manera de escuchar música también, caés en las plataformas. Pero es un poco chiste irónico y un poco en serio, no me gusta nada el mundo actual, no entiendo cómo mis amigos escuchan reguetón… Me mata eso. Después está Instagram, los “héroes” de Instagram y todo eso… Comunicar por Instagram y el tema de las fotos y los videos y hay que hacerlo así porque así es como se tiene que hacer ahora y en realidad a mí no me gusta. Pero, bueno, siempre estás como en una encrucijada, porque de qué otra manera lo vas a hacer. Es un poco así, como un cansancio de un tipo adulto, que vive el mundo transitando un montón de cambios: de comprarme la Madhouse a los 16 años a ahora que estoy por cumplir 50, tener toda la información ahí y escuchar todas las bandas de los pibes que podrían ser mis hijos y ver la manera en cómo se mueven y me cansa.
S.R.: Sí, como decía Juancito, no hay muchas opciones. Estás obligado a entrar en ese circo y si no lo hacés, estás afuera. Y eso, no sé si duele, pero nos irrita… Ya hicimos un montón de cosas, tocamos por todos lados, editamos discos. Es la molestia de tener que someterse también a toda esa maquinaria.
En “Las aguas bajan turbias” aparece la figura del enemigo. ¿Hay algo espiritual, incluso en lo más político?
J.B: Esa letra la escribí al otro día que Milei ganó las PASO. Habíamos hecho un demo en la sala, ahí nos salieron como tres temas todos juntos, uno de esos temas era “Las aguas bajan turbias”, y otro fue “Mundo actual”. Lo escribí pensando como que se está dando lo peor jamás pensado. Era algo totalmente impensado… La letra de “Mundo actual” es bastante directa y no hay lugar a la metáfora pero en en Las aguas bajan turbias cuento un conflicto interno.
S.R.: Juancito trajo la letra, teníamos el tema, la cantó, la escuchamos, y tuvo un sentido muy, muy claro para mí, muy inequívoco.
Otro tema que me gustó es “La gran ausencia”, parece hablar de un duelo o de algo que no sana.
J.B.: La pérdida también es una forma de furia que puede alentar a hacer música. La gran ausencia es una especie de sanación, sacar algo muy triste. Es una canción que me toca mucho porque me recuerda a quien se la estoy cantando, que es Pato Larralde. Fue una herida que sangró un montón y a partir de ahí empezó a cicatrizar, cuando la grabé fue bastante intenso, miles de recuerdos y cosas de una muerte que me marcó muchísimo. Es duelo, ya lloré un montón y en ese momento de hacer la canción en vivo es es cantar es como otra mirada de algo, una especie de terapia, un poco contemplativo todo porque hay uno que se pregunta ¿y qué hago ahora? ¿qué pasa? ¿y cómo sigue?
¿Cómo piensan la masculinidad en sus letras?
S.R.: Siempre trato de llevarlo de la manera más sana posible, y el hecho de estar en pareja con Romina (Zanellato, periodista especializada en género) me abrió la cabeza en un montón de cuestiones que quizás antes ya estaban dadas por sentado. Especialmente en el mundo del rock y en el metal donde tenés bandas como Pantera que cantan un montón de cosas que son polémicas. En el rock y el metal quizás nunca se ocuparon o nunca lo consideraron… Ya si te vas al extremo de la movida ochentera de Mötley Crüe y todas esas bandas donde siempre las mujeres son un objeto tan cosificado… Siempre me cuido mucho de de no participar en ningún proyecto y evitar todo eso porque no es lo que me representa, no es lo que quiero y no no podría estar tocando con gente que habla de esas cosas. Qué mal envejeció Mötley… Para mí, estamos en veredas opuestas.
J.B.: Era otra época, pero en esa época también estaba Fugazi y era otro tipo de mensaje, una banda predicando otra cosa totalmente distinta. Todo esto obliga a la revisión.
S.R.: También a la revisión hacia atrás, a lo que escuchabas, a ver qué mensaje tiene porque la música te atrapa pero después qué mensaje hay detrás, algo con lo que no estás de acuerdo.
¿Qué les interesa del formato trío? ¿Qué posibilidades y limitaciones encontraron ahí?
S.R.: Limitaciones, para mí, ninguna. Es mi formato preferido porque te exige mucho y te da más aire también. Eso siempre está bueno. Y a menos integrantes, todo más simple también. Quizá a Juancito sí le exige más, en ese sentido sí lo puedo entender… También a mí me gustaría que hubiera un cantante, por ejemplo.
J.B: Yo siempre toqué la guitarra y canté pero también porque es difícil encontrar cantantes; entonces, para que venga otro a hacerlo como lo hago yo, prefiero hacerlo y es un integrante menos. Es verdad que te limita un poco, a mí quizá, que toco y canto me resulta difícil hacerlo y sé que podría tocar mucho mejor o cantar mucho mejor si no tuviese el cerebro dividido. Fantaseo con qué lindo sería solo tocar la guitarra, sería más cómodo pero me parece ideal el formato trío
Tienen un vivo muy potente, ¿cómo lo viven?
J.B: Siempre trato de ver lo positivo, el conectar con mis compañeros, hacer lo que tenemos que hacer lo mejor posible y pasarla bien porque en el fondo es eso. Es una celebración, estamos ahí totalmente tocando y la pasamos bien.
S.R.: Trato de que no sea algo muy solemne o muy serio. Es una descarga, una confrontación, una alegría, es raro describirlo porque es media hora o cuarenta minutos donde hoy, no sé, me cuesta mucho encontrar otra situación en la que me sienta así
J.B.: No sé si es algo que le pasa a los actores de teatro también, siempre me lo pregunté. Un actor que está siendo filmado es como grabar un disco: te equivocás, lo hacés de nuevo. En cambio en el teatro me imagino a un actor que sale al escenario, tiene la gente ahí y si te confundís, te confundís, hay nervios… Y tocar en vivo me parece que tiene un poco que ver con eso, aunque en ese momento me olvido de la gente, es raro, no sé cómo escribirlo, es adrenalínico y todo es transpiración y nervios y alegría.