El Teatro Flores recibió la primera edición del Festival X y todo fue una celebración de contracultura
✎ Gonzalo Penas
Que durante una gélida tarde porteña de sábado uno esté yendo en pleno 2025 a un festipunk, puede ser caratulado de pintoresco, nostálgico o, incluso, arrabalero. Pero metidos en un país que repite fórmulas políticas y económicas caducas (cuando no fracasadas), el punk local, ese género que te pone los patitos en fila en plena adolescencia, nunca te deja tirado y te acompaña siempre que sea necesario. No desde un lugar melancólico ni de derrota. Desde la pos pandemia han surgido muy buenas bandas que han venido a continuar el legado del género en Argentina, incluso han logrado cruces con otros estilos que sin lugar a dudas las hacen atractivas y desafiantes. Una de las cuestiones más interesantes de este momento en la música alternativa es cómo siguen sumándose bandas a las que dieron aquel puntapié inicial o que formaron parte de los orígenes de los subgéneros nacionales, incluso fusionando algunos estilos y sonidos. También, que las bandas legendarias no hayan perdido ni la chispa ni las ganas -ni la posibilidad- de seguir girando y mostrando su material, sean clásicos inoxidables o nuevas canciones. Abriéndole los brazos a las nuevas camadas sin olvidarse de las legendarias, hay futuro para las distintas escenas del under argentino.
Y en este caso, ahí va uno a ver a algunas de las bandas que fueron educación contracultural y sentimental para su vida, en un 85 casi vacío rumbo al barrio porteño de Flores para llegar bien temprano al primer Festival X, evento organizado por Expulsados, la histórica banda de punk ramone que cerrará la fecha, que nuclea cinco bandas del género en el Teatro Flores. Los Yernos, De Romanticistas Shaolin’s, Quebraditos y Loquero completan el póker final de la grilla.
No es un dato menor el lugar elegido para esta primera edición del festival: el Teatro Flores ha sido durante los últimos años un reducto de históricas visitas punks (Rancid, Descendents, Damned, por nombrar algunas). Por otra parte, Expulsados ya ha tocado allí en dos fechas muy especiales: para volver luego de un importante rearmado de grupo en 2014 y para celebrar los 25 años de la banda en el año 2018. También allí tocaron para presentar sus últimos dos discos de estudio: Suicidas y sicarios en 2016 y El laberinto de neblina en 2022.
Lo que sí es una sorpresa es el horario. No porque a uno que ya anda llegando a los 40 no le sea cómodo y confortable pero sí por la puntualidad y exactitud de la grilla. Las puertas abrieron a las 17.30, algo solo comparable con esos festivales maratónicos de hace más de 20 años en el Marquee o en el Hangar, donde tocaban no menos de 15 bandas punks y cerraba Expulsados o Dos Minutos casi con el amanecer del día siguiente. Vaya que ha cambiado la noche porteña en términos de horarios.
Los Yernos abrieron la jornada con “Todo una farsa” y le siguieron diez canciones, una tras otra sin descanso, mientras entraban los poco puntuales; Romanticistas Shaolin’s, la banda de Federico Pertusi que ha vuelto al ruedo hace unos años y viene demostrando que aún tiene mucho por decir, tocó un muy buen set para pocas personas que, en su mayoría, entraron temprano para verlos a ellos. Recién con Quebraditos el lugar estuvo más lleno.
Con un intenso grupo de seguidores, con banderas incluidas, la banda dio un set digno para sus fans. Las canciones “No quiero a nadie”, “Siempre igual”, “Al final”, “Vaso roto” fueron festejadas y coreadas por todo el público que ya empezaba a llenar el Teatro, incluso por los que estaban apoyados en la barra esperando por un trago. Mucho más aún cuando tocaron el cover de “El cielo puede esperar” de Attaque 77. Las canciones de la banda fueron encadenándose una tras otra separadas por el típico ‘’un-dos-tres-cua’’ ramonero. Si bien la banda hace rato ya incorporó otros sonidos -más rockeros y menos punks- hay costumbres que nunca se abandonan. Con “Estúpidamente perfecta’’ y “Quebraditos” cerraron un show que dejó más que caliente el escenario.
Loquero salió minutos después y fue demoledor. Un set de clásicos que arrancó con “Muchachos” y que fue una catarata imparable y arrolladora: “Mariposas”, “Uki Uki” “Ansiedad”, “Corazón mojado”, “Desde aquí”, “Día perfecto” -con Chary cantando entre el público-, “Ghost in the FORA”, muchos de los himnos de aquella santa trilogía que forman Temor morboso a la exposición pública (1997), Club de solos (2000) y Fantasy (2001).
Incluso, hubo tiempo para perlitas como “No sé” y hasta para un tema nuevo estrenado hace días como “Ramona”, adelanto del próximo disco que sale este año. El cierre con “Youngs”, con vasos de birra volando a la par de los chicos haciendo mosh, fue una clara muestra de las ganas que siempre tiene el público de ver a Loquero en vivo.
A las 22 en punto salió Expulsados para cerrar el festival. Tenía una difícil tarea: mantener la vara que había dejado Loquero. No por competencia sino por la energía que había en el público. Como desde hace casi 35 años, los shows de la banda son una ametralladora de canciones que no para en ningún momento. La influencia ramones sigue bien presente como desde los primeros discos, que tuvieron su lugar en casi todo el set, que arrancó con “2000 hombre digital”, canción que tiene 20 años y fue una profecía a nuestra actualidad: “sentado mirando el mar ya no quiero estar, enchúfenme a la pared, conéctenme a la red, adicto a la información, 2000 hombre digital”, canta la gruesa voz de Sebastian Expulsado. Con “Fiebre de rock and roll”, “Mi novia es una zombie”, “Lo sé, no lo sé”, “Enfermera Vudú”, “Terminó mi tiempo” y “Cartas Tiradas” la banda rescató canciones de sus primeros años para felicidad de sus fans de larga data. Alan Expulsado, el bajista recién ingresado a la banda a comienzos de este año que ya se está ganando el corazón de la familia expulsada con sus corridas, saltos y bailes arriba del escenario, interpretó el cover de “Journey to the Center of the Mind”, canción de The Amboy Dukes que Ramones grabó en su disco Acid Eaters. No fue el único cover de la noche: “The Pink Panther” hizo bailar a gran parte del público. Al igual que Loquero, presentaron un tema nuevo pero que todavía no fue lanzado como single. El cierre con “Lo mejor del rock and roll” y “Tarde de sol”, dos canciones de su primer disco, dejó conforme a un público que ya llevaba varias horas de rock y que rápidamente abandonó el lugar.
Ahora uno vuelve a sus pagos en un 85 lleno de adolescentes listos para salir y aún con la letra de la última canción del show en los oídos, mira por la ventana y siente que más allá del frío que hace, el verano está un poco más cerca.