Los amigos del barrio 

Las Pastillas del Abuelo celebró sus casi 24 años con dos Movistar Arena de entradas agotadas. Hubo invitados sorpresa y Esto es Nota estuvo ahí para contarte todo.

✎ Denisse Cutuli

Hay algunas bandas que pueden narrar a generaciones. Y si a ese don se le suma la posibilidad de ser el telón de fondo de historias familiares, amistades de años o infiernos y cielos personales, entonces la potencia se actualiza y ya no se trata solo de ir a ver un simple recital de rock: se trata de ver a tu propio álbum de fotos trenzarse en las letras de una banda que lleva casi 24 años poniéndolo en palabras. Como las lágrimas de esa “20 que explota” que en campo se emocionaba abrazada a sus afectos mientras cantaba a viva voz la canción que supo contar su fragmento de historia. O como los saltos de quienes estaban en las plateas agitando las manos, un pañuelo o cualquier elemento otro que sirviera de vehículo a la euforia. 

Las Pastillas del Abuelo se presentó este fin de semana en el Movistar Arena en dos fechas completamente agotadas. La frase “no cabía un alfiler” es cliché, pero cierta. Familias, amigos y parejas corearon y poguearon a su momento las 25 canciones que formaron parte de la playlist del fin de semana, en la que asomaron los clásicos pastilleros pero también las viejas canciones que no veían la luz hace bastante, arrebatándole una sonrisa cómplice de sorpresa a la banda de fanáticos que dicen presente en todas las fechas. En el campo, las infaltables banderas flameando, reafirmando ese gesto unívoco del rock barrial que cuenta con orgullo desde donde se los sigue. 

La noche tuvo todos los condimentos: rock, chacarera, ska, murga, blues, una pizca de tango y otra de reggae que fueron asomando en “Permiso y prometo”, “La Creatividad”, “Ojos de Dragón”, “Viejo karma”, “Amar y envejecer”, “Me han dicho”, “Contra viento y marea” o la imprescindible “¿Qué es D10S?”, entre tantas otras en ese tránsito de la alegría a la emoción en los vaivenes de cada canción. A la fiesta tampoco se iban a privar de venir los amigos. Por eso, el Plan de la Mariposa se subió al escenario para hacer una versión combinada de “Rompecabezas de Amor”. Lo propio hizo Maikel de Kapanga en “Tantas escaleras”. 

Los legados también son retomados con orgullo por quienes crecieron en este casi cuarto de siglo. Precisamente, lo lindo de celebrar más de dos décadas en pie es, según dijo el Piti, que “fuimos teniendo hijos y se ve que tan mal no lo hicimos porque ahora quieren seguir el mismo camino”. Por eso los vitoreos se escucharon fuerte al oír que el baterista invitado especial era Nehuén, el hijo del guitarrista Bochi Bozzalla, que estuvo a cargo de la percusión en “Inercia”, tal y como había ocurrido la noche anterior.

Es que uno de los rasgos especiales que la banda ha sabido cuidar y cultivar es su cercanía con el público, que ya casi es mucho más que eso. Pese a reunir a 30 mil personas ambos días, cada canción, cada ida y vuelta, cada gesto y cada mirada fue vivida como si se estuviera en una juntada de amigos en algún patio o terraza perdida del conurbano bajo la estrellas, bebida compartida en mano de por medio. Porque, como arengaron todas y todos, “el Piti” quizás sí tenga razón y cada recital es una fiesta. La fiesta de encontrarse y de saberse vivos, pero también, y sobre todas las cosas, juntos.

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Publicado el 29 enero, 2026

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