Adolescentes eternos

De la mano de Primavera Sound, Teenage Fanclub debutó en Buenos Aires y repasó toda su carrera

Hay bandas que, por más que uno ame desde sus comienzos, van pasando los años y se resigna a nunca verlas en su país. A esta altura, de a poco y gracias a festivales o giras realizadas en los últimos años, la lista se fue acortando. La esperanza es lo último que se pierde, dicen por ahí. Habrá sido por eso que cuando hace unos meses salió la noticia de la primera visita de Teenage Fanclub a Buenos Aires, muchos fans de la primera hora, otros que se sumaron en los últimos años, gracias a Endless Arcade (2021) y Nothing Lasts Forever (2023), sus últimos dos discos, y varios curiosos que saben que el grupo escocés es la banda favorita de sus bandas favoritas, se reservaron la noche del 9 de septiembre, sabiendo que la velada pintaba para histórica.

La banda que conocí trasnochado en madrugadas mirando videos de rock alternativo que pasaban los canales de música, la banda preferida de Kurt Cobain -quien los invitó a girar con Nirvana en el tour europeo de 1992- y de Liam Gallagher, que los consideró como la segunda mejor banda del mundo (después de Oasis, claro); a la que la prensa británica galardonó en la categoría “Mejor Álbum” por Bandwagonesque en 1991, el mejor año de lanzamientos musicales de la historia; la que en 1997 teloneó a Radiohead en la gira norteamericana de Ok Computer; la que reversionó y homenajeó J Mascis en su versión solista, y la que tanto tiempo esperamos ver en nuestra tierra, llegaba al país para saldar esa deuda. Y en el escenario hicieron todo lo que tenían que hacer: repasar su carrera completa sin dejar nada afuera.

El inicio con “Tired of being alone”, corte de difusión del último disco, y con “About you” de Grand Prix (1995) arrojó dos certezas: la banda iba a intercalar canciones de sus últimos trabajos con muchos de los temas de sus discos de la década del 90 y, por otro lado, el sonido del show no corría peligro pese a estar cerradas las persianas que habilitan los costados laterales del Complejo Art Media. El público se adelantaba cada tema un poco más hacia el escenario, el espacio lo permitía, y la pregunta que me dejó el observar la convocatoria es si TF es una banda que vuela bajo en el radar porteño o si son un grupo realmente de culto en estos pagos. No importa. Norman Blake y Raymond McGinley siguieron disparando canciones que todos queríamos escuchar: “The cabbage”, “Alcoholiday”, “I don’t want control of you”, inmejorable arranque. 

Cuando en el documental “Teenage Superstars”, que recorre el auge de todas las bandas que surgieron a fines de los ochentas en Glasgow, se aborda el capítulo de Teenage Fanclub, se ve a unos chicos entusiasmados con la idea de tocar sus primeras canciones y de formar parte de la escena que se estaba formando. La dupla Blake-McGinley, heredera de los mejores Byrds y de Big Star, con armonías que por momentos pasan por los sonidos del rock de los años 60, por otros por el indie y el shoegaze del rock alternativo, con canciones que son un emblema del power pop que luego tomaron las bandas de la cool britannia, hoy muestra toda su experiencia en el escenario. Vestidos con camisa y jeans, más cercanos a un docente que a un rockstar, les calza perfecta esa frase que dice que algo “suena como un relojito”: precisos, claros, sin grandes pausas y bien rockeros. Vimos en vivo la diferencia entre la pose y la realidad en una clase maestra que dio la banda. 

Aquellas canciones que toda la vida quisimos escuchar en vivo, sonaron en Villa Crespo: “Metal baby”, “What you do to me”, “Your love is the place where I come from” y “Neil Jung”, uno de los preferidos del público, que siguió coreando la melodía durante varios segundos como para que la banda confirme que los argentinos tenemos esa costumbre. Algo similar pasó con “The concept”, el hit más importante del grupo. A varias personas del público se las notaba muy conmovidas escuchando el cierre de esa canción. 

En el documental “Upside Down”, Alan McGee, creador del sello Creation, mencionó que no dudó en contratar a la banda porque era un grupo británico que sonaba a rock norteamericano y que por eso iban a triunfar en Estados Unidos, algo que le venía siendo bastante esquivo a las bandas del Reino Unido por aquellos años. Al verlos en vivo ahora, pienso en esa frase y en cómo, desde el comienzo, el grupo ya tenía cosas del grunge, o incluso del noise, en las dos canciones históricas que cerraron el show: “Mellow Doubt” y “Everything Flows”, ideal para los amantes de aquella gloriosa primera etapa de la banda. Muchas veces, es difícil que un grupo con tantos años de trayectoria arme una lista de temas que deje contentos a todos y haga un show a la altura de lo esperado: Teenage Fanclub lo hizo en una noche verdaderamente memorable. Deuda más que saldada. 

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Publicado el 29 enero, 2026

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