Comenzó la cuenta regresiva para una nueva visita de los hermanos Gallagher y así se vive por las callecitas porteñas
✎ Gonzalo Penas y Pablo Díaz Marenghi
Desde que Oasis anunció que volvía a reunirse después de 15 años, cada ciudad que apareció como destino del tour vivió una verdadera locura por conseguir los tickets. El 13 de noviembre del año pasado, en Buenos Aires las entradas volaron en cuestión de horas. No es para menos: a los fans que querían volver a verlos, se le sumaron miles que solo pudieron ir a los shows de Liam (solista o con Beady Eye) o de Noel pero nunca se imaginaron este regreso a todo trapo. Podríamos decir que se despertó una Oasismania que nadie tenía en los planes. En efecto, el pasado 4 de noviembre se abrió el Store de Adidas con la ropa que la marca deportiva hizo en homenaje a esta gira y en cuestión de días se agotó todo. Bien vale entonces, hacer un repaso por las cuatro visitas a suelo argentino de la banda de Manchester para empezar a palpitar -y seguir manijeando- en la semana del show.
Luna Park – 17 y 18 de marzo de 1998
En 1998, la noticia de la primera visita de Oasis al país voló por lo bajo. A comienzos de ese año, los shows internacionales que habían ocupado gran parte de los medios eran los de U2, que estaba de gira mundial presentando Pop (1997) y llenó tres estadios River en febrero, y los de los Rolling Stones con el Bridges to Babylon Tour (con Bob Dylan como invitado) que llenó cinco fechas, también en el estadio de Núñez, entre marzo y abril. Que en el medio de estas dos visitas desembarcara Oasis para presentar su tercer disco de estudio (Be Here Now, 1997) para muchos fue directamente motivo de sorpresa. El 30 de enero, el diario Clarín anunciaba la confirmación de la visita de la banda y lo presentaba como “otro plato fuerte en la temporada rockera”.
La revista Inrockuptibles, en su edición de marzo de ese año, los puso en la portada: “Llega Oasis, los nuevos ricos del pop inglés”, la titularon con una imagen de Liam y Noel con fondo rojo. En el interior, hay tres notas: una de Emanuel Tellier, titulada “Oasis Park”, que sostiene que “el grupo ya no le importa a nadie, lo que fascina es el fenómeno. Fenómeno mediático, fenómeno cultural, fenómeno comercial” pero que luego desarrolla lo que considera lo verdaderamente esencial que son las canciones de Noel. La nota termina afirmando que la banda debe arriesgarse y comenzar una relativa mutación para no quedar encasillada como la mejor banda de su generación sin poder acceder a “las páginas doradas de los manuales de historia”. Le sigue “Gallaguerra”, una colección de citas textuales de Liam y Noel en medios británicos y en la Inrocks francesa y, por último, un intercambio entre el cineasta Ken Loach y Noel titulado “Héroes de la clase trabajadora”. Nada mal para disfrutar esa quincena que separaba la salida en kioscos de la revista y el show de Oasis en el Luna Park.
Manos atrás. Pandereta en la boca. La guitarra de Noel suena a toda máquina y así arrancan los primeros acordes de “Be Here Now”. Liam vestía una campera de cuero y una chomba color marrón claro mientras que Noel llevaba una camisa manga corta color blanca. Parecían haber sido pioneros de la ropa oversize o que se habían comprado todo tres talles más grande. Pero casi sin darse cuenta, inspirados en estilos mods clásicos de la cool britania, se encontraban también refundando la moda y la estética a su manera: a cara de perro, sin pedir permiso y pateando puertas.
El registro audiovisual ratifica la puesta minimalista que llevaron: un telón de fondo y no mucho más. Algo raro en estos tiempos: no hay pantallas ni celulares. Hay disfrute 100% analógico y presente. Sólo brazos en alto despojados. No está aún esa “generación YouTube” que ya advertiría Pablo Schanton en sus crónicas de 2009.
Lo cierto es que Oasis hizo dos fechas en Argentina en el pico de su popularidad mundial y hoy son dos shows -casi- de culto. “El rock de Oasis estalló en Buenos Aires” tituló el diario La Nación el 18 de marzo, luego del primer show de los Gallagher en el Luna. “A Oasis no le hizo falta una gran puesta de luces, ni una descomunal escenografía. Sus canciones de estribillos pegadizos, con el agregado de potentes guitarras, le bastaron para demostrar por qué se encuentran en uno de los peldaños más altos del rock mundial”, se lee en la nota que hace hincapié en el “aluvión de hits” con los que se despachó la banda.
Algo similar se puede observar en la edición del 19 de marzo del diario Clarín en la cobertura de Marcelo Panozzo titulada “Gracias por el fuego”. Los shows de la banda fueron calificados como “Excelentes” y la nota también se detiene en la cantidad de hits que tocaron y en el modelo de las canciones: “con el molde de la canción beatle, hicieron un ejercicio de nostalgia conmovedor, rabioso y exquisito”, contó el periodista.
“Tenía doce años y viví toda la Oasismanía a nivel global siendo muy chico”, rememora el periodista Joaquín Vismara convocado por este medio. “Fue muy loco, porque mis dos recitales internacionales anteriores habían sido mega shows en River, y de repente me encontré conociendo el Luna Park, que me parecía chiquito en comparación. Y además, fue la última vez que Oasis tocó en un lugar de esa escala, con esa cercanía. Fue como un momento mínimo y excepcional en su historia: tocar para ocho mil personas en Buenos Aires y nada más”, rememora a la vez que recuerda la logística que tuvo que implementar para viajar desde la localidad conurbana de Bella Vista donde vivía.
Era lógico que el setlist de la banda estuviera lleno de hits porque, con tres discos de estudio y varios singles en las principales radios, no era muy difícil despacharse tirando toda la carne al asador. Si bien el show arrancó con “Be Here Now”, la canción que da título al álbum que estaban presentando, luego siguieron “Stand By Me” y “Supersonic”, un clásico de esos tiempos y otro de sus primeros años. La crónica de La Nación también resalta el “delicado set acústico de Noel” -conformado por “Don’t Go Away”, “Setting Sun”, cover de los Chemical Brothers, y “Fade In-Out”- y asegura que fue uno de los momentos más festejados de la noche. Con más himnos como “Don’t Look Back in Anger”, “Live Forever”, “Wonderwall” y “Champagne Supernova”, la banda cerró el show pero había tiempo para dos bises más: “Acquiesce” y el cover beatle de “Im The Walrus”
El periodista Sergio Marchi cubrió el recital para la primera edición argentina de la revista Rolling Stone y en sus líneas se lee una crónica que no va en la misma sintonía que la de los dos diarios con más tirada del país. En la nota, aseguró que “empleando la técnica del volumen brutal, la banda solo perjudicó al público que salió del show con una persistente sordera”. Más aún, hablando de cómo Noel sabe ornamentar sus hits mediante el acople, la distorsión y el sustain, afirmó que esas tres cosas, junto al efecto galpón que genera el Luna, se convirtió en un “bumerán sonoro que maltrató los oídos del público”. De todos modos, en aquel entonces Marchi se hacía una pregunta que sería respondida en un futuro cercano: “¿será Oasis un cuerpo destinado a pudrirse joven o encontrará la llave del crecimiento que le permita ascender ese peldaño que lo aleje de la artesanía y lo deposite en los brazos del arte”. Tanto al periodista francés de la Inrockuptibles citado al inicio, como al argentino de la Rolling Stone, la historia les respondió de manera contundente.
Campo Argentino de Polo – 18 de enero de 2001
Tiempo después de aquella primera visita al país, Mariana Enríquez entrevistó a Noel Gallagher para el suplemento No de Página 12. La entrevista está incluida en el excelente libro de José Bellas Nuestro Oasis (Planeta). Noel declaró: “Me acuerdo de que la pasé muy bien de verdad. Pero sobre todo me acuerdo de que conocí a Maradona. Diego es super talentoso, lo amo totalmente. No tengo ningún resentimiento inglés con respecto a la mano de Dios ni nada. Es un genio”.
Tres años después de su primera visita y en el marco del Buenos Aires Hot Festival, Oasis volvió a tocar en el país. Podría decirse que la gira que los trajo de nuevo es la del primer disco en vivo de la banda, Familiar to Millions, grabado en Wembley pero también el grupo trajo bajo el brazo su anterior disco de estudio, Standing On The Shoulder Of Giants (2000). El festival tenía como cabezas de cartel, nada más ni nada menos que a Neil Young, REM, Beck y, obviamente, a Oasis, que tocó en la fecha del 18 de enero.
Bellas habló con el empresario Eduardo Costa, encargado de todas las visitas de Oasis al país salvo la última. Recuerda cuando los trajo al Hot Festival. “Era como manejar a un par de barrabravas”, los describe y amplía: “La actitud de ellos. Convivir, divertirse. Tener que tomar partido por alguno. Yo era más de Liam. Y otros de mi equipo tenían que ser más de Noel. La primera vez fue una banda más austera de requerimientos, quilombera, pero distinta. Estaban viniendo a construir. Igual no se daban cuenta, vivían ese momento como si fuera la última vez”.
El periodista Daniel Amiano en la crónica del festival para el diario La Nación (publicada el 20 de enero), afirmó que “Oasis no sube al escenario esa intensidad con la que ofrecen pelea en la vida cotidiana. Ninguna actitud combativa; simplemente se paran ante la multitud y, sin demasiadas palabras, ofrecen un éxito tras otro”. Al ser un set list de festival, los hits fueron en seguidilla: “Go let it out”, “Supersonic”, “Gas panic”, “Wonderwall”, entre otros. Con una pared de Marshalls con los que cubrieron el escenario, lograron hacer una versión abreviada del disco en vivo, cerrando el set con “Live Forever”, “Champagne Supernova” y “Rock ‘n’ Roll Star”, canción en la que a Liam le rozó una botella por la cabeza y tuvo que ser suplantado momentáneamente en voces por su hermano.
Costa agregó: “El del 98 fue difícil, y estaban viviendo un momento difícil. Pero las tres veces fueron complicadas. Después podés tener mánagers o entorno complicado, pero la batuta era de ellos y en su idiosincrasia estaba ser jodidos”.
Por su parte, Claudio Kleiman, periodista que cubrió el show para la Rolling Stone, aseguró que “Oasis borró la deslucida impresión que habían dejado en el Luna Park en el 98” y que constituyeron una buena apertura preparando el camino para el set de Neil Young, de quien Oasis había interpretado “Hey Hey, My My”, que cerró el festival minutos después.
Campo Argentino de Polo – 10 de marzo de 2006
La tercera visita al país de la banda fue en el mismo escenario en el que tocaron cinco años atrás pero esta vez en soledad. Para muchos fans que no habían podido verlos en los anteriores shows, fue una inmejorable oportunidad. Se terminaba el verano 2006 y comenzaba lo que iba a ser un año lleno de visitas estelares: desde los Rolling Stones hasta Daft Punk, pasando por Santana, que había tocado en el Campo Argentino el día anterior a Oasis, los Stooges, Beastie Boys, Patti Smith, Ian Brown, Madness, U2, Franz Ferdinand, Yeah Yeah Yeahs y un largo etcétera.
Previo a este show, Bellas entrevistó a ambos hermanos e incluye estos diálogos en su libro. Noel le dijo: “Amo a tu país. La gente es fantástica y me encanta que tengan como ídolo a Maradona: un tipo con un talento absoluto, con calor popular y que supo caer y levantarse. Como una estrella de rock”.
Liam rememoró acerca de los shows en Argentina: “La pasamos muy bien. Los recuerdo como gente muy apasionada y a la vez muy respetuosa. También recuerdo especialmente un par de borracheras que la memoria se empecina en no olvidar”. Y también agregó reflexiones acerca de su hermano que leídas hoy, a la luz del retorno, poseen otra significancia: “Hay algo que siempre nos va a unir, que es el vínculo de la hermandad. Fuera de eso, somos un equipo que trabaja para el bien común, que es Oasis. En el camino podemos putearnos, agarrarnos a piñas, de todo. Pero que no venga ningún idiota a hablar mal de él”.
Lo primero que impacta de las imágenes, disponibles en YouTube, es la marea de gente. Liam, de prolijo saco blanco, parece impoluto mientras Noel, de chomba negra, va punteando con su habitual sobriedad cada riff que organiza la melodía en torno a su voz, peculiarmente aguardentosa. Parece un recital del Indio Solari.
El periodista Joaquín Vismara recuerda, en diálogo con este medio, que aquella vez por medio de un amigo suyo que tocaba en Juana la loca -una de las bandas teloneras- fue incluido como crew de la banda con intención de hacer fotos ya que, por aquel entonces, estudiaba fotografía. Su intención era cruzarse con los Gallagher. “Quince minutos antes del show nos invitaron a salir de ahí y tuvimos que ver el show desde afuera -rememora- Nunca tuvimos ningún tipo de cruce con Oasis. Y encima, ante la marea humana que había y la falta de infraestructura telefónica de esa época, ni pude encontrarme con mis amigos que estaban ya en el campo, y también perdí a Diego, mi amigo. Así que vi el show entero solo. Eso fue una experiencia rara: estar solo dentro de una marea de 40.000 personas”.
Oasis tocó el 10 de marzo presentando Don’t Believe the Truth (2005) y traía la sorpresa de la incorporación de Zak Starkey (hijo de Ringo Starr y baterista de los Who durante la década del 90) en batería. Luego del comienzo con “Turn Up the Sun” y “Lyla”, dos temas del flamante disco, salió uno de los organizadores a pedir que el público se calmara un poco. La valla de contención de adelante se había caído por la presión de la gente en el campo y la banda paró de tocar unos minutos. Cuando volvieron, tocaron “Bring It On Down”, uno de los temas más punks -donde mezclan sus influencias de los Pistols y de los Jam- y el público se volvió loco de nuevo. Como si esto fuera poco, siguieron con “Morning Glory” y “Cigarettes & Alcohol”, dedicada como siempre a Diego Maradona. El campo era un hervidero. La voz de Liam estaba bastante cascada -lo que hacía que la banda de britpop sonara un poco más punk todavía- y si bien en su momento la performance del cantante fue criticada, a la distancia, el show quedó mejor parado de lo que pintaron los medios.
Otro testimonio de aquella época recopilado por Bellas es el de Daniel Herzkovich, encargado de la disquería Rock ´N Freud y luego parte de Musimundo y Sony Music. “Llegué cuando estaban sentados de frente al público, antes de que diera comienzo la conferencia, y me presenté. Hubiera tenido más éxito si le hablaba a un paredón de concreto. Su onda fue nula antes, durante y después del evento, a niveles que nunca recuerdo en mi vida y es algo que preferiría olvidar”.
El setlist recorrió algunos temas del disco que presentaban (a los dos del inicio del show se le sumaron “The Importance Of Being Idle”, “A Bell Will Ring”, “Mucky Fingers”, “Guess God Thinks I’m Abel” y “The Meaning Of Soul”) mezclados con los clásicos inoxidables de siempre.
Estadio Monumental – 3 de mayo de 2009
En Oasis, vivir para siempre (Sudamericana), libro de Sergio Marchi de reciente aparición, se cita una declaración de Noel afirmando que aquel show en Buenos Aires fue su favorito de aquella gira tumultuosa que terminaría siendo el punto de quiebre. La separación. La última hasta el momento.
Pablo Schanton, en su crónica para Clarín, tituló “Una madura síntesis del rock inglés”. En el libro de Bellas se incluyen también algunos apuntes que el propio crítico, de los mejores de estas pampas, había tomado aquella noche. Allí anota, por ejemplo, que “Oasis llegó para insistir en reponer esos ‘Highs’ del ‘A Day in the Life´beatle’. Sí, pero con la humildad posmoderna de saber que nunca podrían ser Los Beatles, más la arrogancia y el privilegio que tienen las estrellas del Hollywood rockero a su favor”. También que “La Renga y Oasis tienen mucho más en común de lo que parece”.
Fue el show de la banda con más público en Buenos Aires. Cerca de 45 mil personas llegaron a un estadio que los recibía con clásicos del Brit Pop: de Stone Roses a The Charlatans. No estuvo ni cerca de colgar el cartel de “agotado” pero fue una buena convocatoria.
Schanton describe la performance del grupo en la crónica ya citada: “Ya están en lo alto. Llegaron. No pierden tiempo en altanerías y altisonancias como en los 90: ahora nos pueden elevar”. Agrega: “Así Oasis es la banda que sirvió para corroborar que el rock seguía vivo cuando los rockeros casados con hijos se estaban perdiendo las novedades que trajeron la electrónica, el house y el hip-hop, géneros hoy absorbidos por las nuevas bandas de rock. Aun Oasis suena hoy como si hubiera canibalizado a Chemical Brothers desde el rock”.
Es interesante que ya en aquel momento hablaba de la “Generación YouTube: prefieren registrar el show, siguiéndolo en una pantallita de celular, que disfrutar el aquí y ahora”. Algo que hoy por hoy es moneda corriente en casi cualquier concierto.
“El oficio de una banda cansada”, tituló Página 12 su cobertura a cargo de Luis Paz, hoy editor del suplemento NO. La crónica resalta la tensión latente percibida entre ambos hermanos. Algo que no era novedad: “Liam se aplaude, infundado en muda grandilocuencia, para que lo aplaudan durante dos de sus aportes a Dig Out Your Soul: ‘Ain’t got nothin’’ y ‘I’m outta time’. Esa petición de aplauso, en un contexto donde hizo mutis por el foro cuando su hermano cantó ‘The important of being idle’, es muy elocuente. Ni siquiera se miran”.
Bellas, poco tiempo después, los vio en vivo en Roskilde, Dinamarca, uno de sus últimos shows y lo cuenta en su libro: “un mes y medio más tarde, cuando Noel anunció que dejaba la banda por no poder soportar más a su hermano, resultó hasta coherente. Me habían parecido, más de tres lustros después sigo rumiando, un grupo millonario yendo a desovar el blues de sus traumas, más que el de los poseedores de uno de los mejores setlists de las últimas décadas”.
La Oasismanía argenta
Consultado por este medio, Luis Paz, quien afirma que los Oasis tienen “Canon absoluto, el lugar ganadísimo dentro de la historia dorada del rock and roll”, recuerda lo que sintió al cubrir aquel recital: “Sentí: che, todo lo que hicieron estos tipos está re bueno, pero qué paja el show que están dando. Fue un show bueno, por oficio y experiencia, porque tocaron miles de esos shows y por la emoción de la gente y todo. No fue un mal show, pero notabas que la banda había tocado un techo, sino creativo por lo menos anímico”, comenta.
También analiza un poco la manija que genera Oasis en el país. Según Paz termina teniendo “una pregnancia total acá como los Ramones y como muchas bandas de heavy metal o punk, como los Hosen. Me parece que si revisamos su relación tan íntima con la Argentina, encontramos que son bandas del espectro de lo que alguna vez se llamó pulenta o de todo aquello que representó el rock barrial, el indie pulenta, el punk rock. Una cuestión de credibilidad, de bancarsela, de tener cierto un coqueteo con el delirio, la falopa, la psicodelia. Me parece que acá Oasis termina siendo masivo porque conecta con algo muy argentino”, explica.
En su libro, Marchi cita declaraciones de amor a nuestro país. Dijo Noel: “Hay un lugar llamado Luna Park en Buenos Aires, que es como una arena pequeña, no hay lugar equivalente en Inglaterra. Es para 5000 o 6000 personas y siempre es genial. Cuando íbamos a tocar ahí por primera vez con mi banda, les dije a los muchachos que disfrutaran la noche porque iba a ser especial (…) la mejor ciudad del mundo”.
Sin dudas, Oasis -tal vez sólo con los Ramones como émulo- logró que ciertas cuerdas de la argentinidad vibren de manera única en comparación con cualquier otra banda de rock internacional. Siendo ingleses, rivalidades futboleras mediante, se han cansado de reivindicar a Diego Armando Maradona y a los futbolistas que brillaron en su querido Manchester City -con Sergio “Kun” Aguero y Carlitos Tevez a la cabeza-. Sus letras -simples pero, a la vez, bellas, sensibles pero para nada melosas- conectaron con el imaginario colectivo local. Su potencia sonora, feroz y punk, marida a la perfección con el denominado rock barrial. Permite que tiren paredes con bandas como Viejas Locas y Ratones Paranoicos embebidos de la psicodelia y la experimentación de los padres fundadores del rock británico.
Han forjado, a fuerza de canciones que se convirtieron en himnos, una fidelidad que al día de hoy, en su tan esperado regreso, no hace más que ratificarse. Un combustible espiritual que se resume en la respuesta que Noel le dio a José Bellas cuando este le pidió que completara la siguiente frase: “Una banda de rock and roll no puede salvar al mundo, pero…” y Noel respondió: “Puede hacer que el mundo gris de unos pibes de un barrio de mierda tenga un agujero de luz en las paredes de su cuarto”.