La máquina vuelve a desplegar sus alas 

Antes del show que brindarán este viernes 21 de noviembre en Niceto Club, José Luis Fernández charló con Esto Es Nota sobre esa música que nos hace volar

✎ Hernani Natale

Seguramente, estimado lector, usted arqueará las cejas con malicia, chasqueará la lengua con desdén y pensará “otro más que vive de chuparle la teta a Charly”, cuando lea aquí que José Luis Fernández, el bajista que fue la quinta pata de ese portento del rock progresivo local que fue La Máquina de Hacer Pájaros, presentará un show con canciones del grupo menos revisitado del flamante “Doctor” García, el máximo astro del rock argentino.

Me animo a afirmar sin temor a equivocarme que el rechazo suyo se acrecentará cuando se entere que en la banda que acompaña al exintegrante de La Máquina de Hacer Pájaros, el puesto de baterista es ocupado por Juanito Moro, el hijo del recordado Oscar, el hombre de los parches originales. 

No quiero ni pensar el nivel de desagrado que lo invadirá cuando sepa que el show que podrá verse el próximo viernes 21 de noviembre, en el palermitano Niceto, ya tuvo algunos antecedentes en ese mismo escenario y en el ND Ateneo; y planea algunas presentaciones de verano en varias localidades, entre ellas, Rosario. 

No voy a reprocharle esa reacción, ni mucho menos. Abundan casos a nivel mundial de artistas que lucran sin tapujos montados en sus viejas glorias. Y, le digo más: el mismísimo protagonista de este artículo tuvo sus pruritos cuando le propusieron recrear la música de una de las escasas joyas ocultas en la ultrapopular trayectoria de Charly García.

“Al principio tenía un poco de miedo a cómo podía caer en el público, al `qué dirán´; porque a mí me ha pasado de pensar eso en otros casos. Tenía miedo a que dijeran: `Mirá este, ahora está solo, es el único original y está robando con La Máquina de Hacer Pájaros´. Pero con el tiempo, me fueron convenciendo”, reflexiona José Luis Fernández, sentado en un bar del barrio de Caballito. 

Puedo atestiguar que sus manifestaciones suenan muy sinceras, así que invito a dejar de lado por un instante todos los prejuicios y el consecuente enojo; sumergirse en la historia de esta formación, que completan el tecladista Guido Spina y el bajista Matías Vega; y dimensionar la importancia de volver a la música de La Máquina de Hacer Pájaros, la escasa oferta al respecto y la nula posibilidad de que suceda con otros protagonistas sobre el escenario. 

Es más, luego de conocer las confesiones del hombre que supo ser el bajista del supergrupo -aunque ahora empuñe la guitarra-, me animo a vaticinar que usted sentirá la necesidad de acercarse al concierto en Niceto y vivenciar ese espíritu.

Empecemos por el principio del principio. Porque resulta que antes de tener “La máquina de ser feliz”, Charly García poseyó “La máquina de volar”. Hacia 1976, Sui Generis era pasado y la gran estrella en ascenso perpetuo buscaba ampliar su universo sonoro. Concretamente, anhelaba comandar al “Yes argentino”. Para ese experimento conformó un súper grupo, a la altura de las ambiciones.

Oscar Moro ya era una estrella por haber sido parte de Los Gatos y haber integrado Color Humano. Gustavo Bazterrica deslumbraba como guitarrista de Raúl Porchetto. Carlos Cutaia había despuntado en el Instituto Di Tella y había ingresado al rock por la puerta grande, nada menos que a través de Pescado Rabioso. El más joven y menos experimentado era José Luis Fernández, aunque su participación en Crucis había llamado la atención del líder.

La Máquina de Hacer Pájaros remontó vuelo en 1976 y 1977, los años más oscuros de la historia argentina, y dejó como legado dos discos. La homónima placa debut parecía avanzar sobre la experimentación musical que Charly –Charlie, en aquellos años- había ensayado en “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones”, la producción final de Sui Generis. Se trató de un puñado de composiciones que se repartían entre la pomposidad del rock sinfónico y la lisergia de Pink Floyd.

“Películas”, el segundo trabajo, anticipaba a Serú Girán con canciones, no más simples, pero sí más precisas, y líricas que son pruebas incontrastables de esa famosa “antena” de García para retratar la realidad. Ahí están, en ese sentido, “¿Qué se puede hacer salvo ver películas?”, “Hipercandombe” y “No te dejes desanimar”, entre otras.

Desde 1978 hasta aquí, la máquina quedó arrumbada en los galpones del corazón de los amantes del rock progresivo. Charly siguió adelante con Serú y, luego, con una brillante carrera solista. En su repertorio en vivo nunca faltaron canciones de sus anteriores grupos, excepto de La Máquina de Hacer Pájaros. Hoy en día, como es sabido, Charly está retirado de los escenarios.

Bazterrica aportó su guitarra para Spinetta y luego recaló en Los Abuelos de la Nada, una banda fundamental en el rock local de los años `80. Nunca volvió a tocar canciones de La Máquina de Hacer Pájaros. Actualmente, atraviesa algunos problemas de salud que lo mantienen alejado de la actividad musical pública.

Moro fue parte de Serú Girán, integró una de las formaciones de Riff y continuó tocando aquí y allá hasta su muerte en 2006. Por su desaparición física se instauró al 11 de julio como el Día del Baterista en nuestro país. Carlos Cutaia prosiguió experimentando en diversos formatos. Sus actuaciones son cada vez más esporádicas. En ninguna de ellas, retomó el repertorio de La Máquina de Hacer Pájaros.

A José Luis Fernández le ofrecieron ser un Serú Girán, pero prefirió volver a Crucis, su banda original. Luego emigró a Estados Unidos; más tarde, a España; hasta que en los primeros años del siglo regresó a la Argentina y desarrolló una trayectoria como solista, con algunos discos notables. Entre ellos, “Cool”, de 2013. En algunos shows en los que presentó esa placa, incorporó un “medley” con temas de La Máquina, pero no mucho más que eso. Hasta ahora.

“En la época de la pandemia, cuando no se podía tocar en ningún lado, Juanito Moro me llamó y me propuso juntarnos como para hacer algo y sacarnos las ganas. Él trajo un bajista, yo invité a un tecladista y armamos una bandita para zapar en el estudio. Los pibes eran todos fanáticos de La Máquina. En uno de los ensayos, empezaron a tocar `Obertura 777´ y los seguí. La verdad que me asombró cómo salió porque tenía el `feeling´ de La Máquina”, rememora Fernández, entre cigarrillos y café.

Y completa: “Eso quedó así. El año pasado, me reuní con el histórico productor Oscar López, justo poco antes que muriera, y me propuso si no quería hacer lo de La Máquina. Yo no quería. Me parecía raro. Hacía 50 años que nadie tocaba esta música porque ninguno de la banda volvió a estos temas ni chapeó con eso. Es una música que estuvo como resguardada durante todo este tiempo por los cinco que lo hicimos. Nadie lo bastardeó. Yo quería dejarla así como estaba”.

Fueron sus jóvenes compañeros de banda los que lo convencieron de encarar este proyecto, quienes con su fanatismo por el supergrupo lo entusiasmaron para avanzar. Tal las cosas, que el propio miembro original reconoce que, paradójicamente, fueron ellos quienes recordaban mejor los temas y se los refrescaron.

“Con el tiempo, me fueron convenciendo. La verdad que me emociona la manera en que suena la banda porque yo cierro los ojos y estoy escuchando a La Máquina. Y ahora que ya hemos tocado varias veces, a la gente le pasa lo mismo”, describe el artista, quien confiesa haber tenido que sentarse al finalizar la interpretación de “¡Ah! Te vi entre las luces” en un show, debido a la emoción que sintió.

Y acepta: “Esto puso en stand by mi carrera. Estoy luchando con eso porque me da un poco de ´cosita´. Pero me sirve para oxigenar también. No siento que hacer esta música me estanca. Al contrario. De hecho, en nuestro show del 21 en Niceto voy a estrenar algunas canciones. Veremos qué pasa”.

El impacto emocional en el propio músico y en la eventual audiencia es mayor aún a raíz de la presencia en la banda de Juanito Moro, una participación que de alguna manera fue vaticinada por el propio Oscar, poco antes de su fallecimiento.

“Estábamos en el estudio grabando unas cosas con Oscar y hablando de la familia, le pregunté por su hijo, cómo andaba, y me dijo: ´Uh, no sabés, está tocando re bien. Estoy seguro que vas a terminar tocando con él´. Hace unos 5 o 6 años nos encontramos con Juanito y empezamos a tocar juntos. Fue como una premonición del padre. Yo nunca hubiera imaginado que iba a tocar con el hijo de un compañero, amigo o músico de mi época; porque, además, yo le huía a esto de poner parientes en los grupos y ese tipo de cosas”, relata emocionado.

Respecto al motivo por el cual el repertorio de La Máquina de Hacer Pájaros no fue revisitado con frecuencia y por qué se trata de una banda que prácticamente no cuenta con hits, Fernández considera que la respuesta está en el nivel de complejidad de esa música.

“Es como los temas de Genesis. No los podés tocar en un fogón solo con una guitarra. Tenés que tener todos los instrumentos y, así y todo, es muy difícil porque están todos entrelazados. Cuesta que sea una música popular. Yo no sé si este proyecto va a durar mucho, pero, hoy por hoy, me parece digno que se escuche este repertorio”, analizó.

Y finalizó, con evidente orgullo: “La Máquina es una joyita oculta. Fijate que cuando Charly se juntó con Herbie Hancock, la última vez que estuvo actuando acá en el Luna Park, le llevó un disco de La Máquina. No le llevó un disco de Sui o de Serú”.

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Publicado el 29 enero, 2026

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