Psicodelia, caos creativo y tres rarezas que explican a la banda que tocará, una vez más, en Buenos Aires
En un panorama donde los regresos internacionales suelen responder a cálculos de mercado, la vuelta de The Brian Jonestown Massacre a Buenos Aires —el 2 de diciembre de 2025 en C Art Media— aparece como un acontecimiento singular. No es solo la visita de una banda de culto: es la reaparición de un mito vivo, un grupo que construyó su identidad lejos de las modas y que, sin proponérselo, quedó profundamente ligado a cierta sensibilidad argentina.
Ese vínculo no pasa por la masividad, sino por afinidades estéticas: la psicodelia emotiva, las canciones largas que funcionan como trance, la preferencia por los climas densos antes que por los estribillos fáciles. Aquí, BJM nunca fue un nombre de curiosidad: fue una referencia espiritual para músicos que entendieron que la repetición puede ser narrativa y que el caos también puede ser un método.
Dentro de ese entramado aparece Winona Riders, una de las bandas que más claramente tradujo el universo BJM al sonido local. No solo los tomaron como referencia: les dedicaron una canción entera, “Anton”, un homenaje directo al propio Anton Newcombe que funciona como una declaración de admiración estética. En ese tema, la banda resume la influencia emocional que BJM ejerció sobre ellos: las guitarras insistentes, la pulsación mántrica, la psicodelia como liturgia. Y cuando Winona Riders teloneó a BJM en su visita anterior, ese vínculo dejó de ser simbólico para convertirse en un encuentro real entre generaciones y territorios.
Aunque aún no esté confirmado si volverán a ser soporte este año, la conexión ya es parte del ADN de la escena: cada vez que se anuncia un show de BJM en Buenos Aires, automáticamente se activa esa relación maestro–discípulo donde “Anton” funciona como puente, carta de amor y mapa de ruta.
Para entender por qué este regreso importa más allá del repertorio, conviene revisar tres datos raros que explican la esencia anómala de la banda.
1. Anton Newcombe intentó “modificar el clima emocional” de un show
A mediados de los 90, convencido de que ciertas frecuencias podían alterar estados físicos y mentales del público, Anton probó afinaciones diseñadas para provocar sensaciones específicas. En un show en California repitieron dos notas durante varios minutos, generando mareos en parte de la audiencia. Si fue sugestión colectiva o una alquimia sonora fallida, nunca se confirmó, pero la banda sostiene que sus piezas largas buscan “afectar el cuerpo”, no solo el oído.
2. Ensayaban ocho horas al día sin tocar una sola canción
En los primeros años, la banda pasaba jornadas enteras improvisando, sin listas ni estructuras. Tocaban hasta que surgía una forma, un clima o un patrón repetitivo que pareciera tener propósito. Muchas de sus canciones nacieron del agotamiento, de ese momento donde el músico deja de pensar y empieza a canalizar. Ese método explica que BJM suene igual con formaciones distintas: el espíritu está antes que la técnica.
3. Anton compone usando colores, texturas y símbolos que nadie más entiende
En su estudio de Berlín, Anton trabaja con un sistema propio: anota notas en colores (“gris eléctrico”, “rojo herrumbre”), dibuja símbolos que representan densidades o tensiones y usa palabras que describen sensaciones en lugar de acordes. Sus indicaciones —“más denso”, “más polvo”, “como si el sonido se oxidara”— se traducen en una estética inconfundible que sobrevive a todos los cambios de integrantes.
Argentina y BJM: un diálogo que se renueva
La relación entre BJM y el público argentino no es casual: acá se valora la música emocionalmente expansiva, el viaje antes que la fórmula. Ese lazo se volvió más nítido cuando bandas locales como Winona Riders tomaron la influencia de BJM y la llevaron a su propio territorio, con “Anton” como muestra más visible. Esa canción no es solo un guiño: es la confirmación de que la psicodelia de Newcombe encontró en Argentina uno de sus ecos más fértiles.
El regreso de BJM promete algo más que un concierto: promete una reactivación del circuito psicodélico local, una excusa para mirar hacia adentro y hacia afuera al mismo tiempo, y un recordatorio de que las bandas de culto no sobreviven por nostalgia, sino por mantenerse incómodas, extrañas, vivas.
📅 Fecha: martes 2 de diciembre de 2025
📍 Lugar: C Art Media, Av. Corrientes 6271, Chacarita, CABA
🎟️ Entradas: disponibles vía Passline
⏰ Horario: 20:00 hs (apertura de puertas)
