Una maquinaria clásica que sigue sonando fresca

TOTO (con CHRISTOPHER CROSS) tendrá su gran noche en Buenos Aires. La cita es para el 13 de diciembre en el Campo de Polo

Cuando se habla de bandas que parecen haber sido diseñadas en un laboratorio para la radio y, al mismo tiempo, para el oído del músico exigente, TOTO aparece casi siempre en primer lugar. Surgidos en 1977 del círculo élite de músicos sesionistas de Los Ángeles, que habían participado de cientos de discos icónicos (STEELY DAN, ARETHA FRANKLIN, SEAL, GEORGE BENSON y MICHAEL JACKSON – incluyendo Thriller), Lukather y compañía decidieron formar una banda propia que, contra todo pronóstico, crearon himnos que siguen sonando aun hoy en estadios: Hold the Line, Rosanna, Africa, entre otros, en donde la mezcla entre virtuosismo técnico y melodía pegadiza es su marca.

La formación original

A mediados de los 70, David Paich (tecladista, productor y compositor) y Jeff Porcaro (uno de los bateristas de sesión más prestigiosos de la Costa Oeste de Estados unidos), venían trabajando juntos en múltiples grabaciones, especialmente en el disco de BOZ SCAGGS (Silk Degrees, 1976), que fue un éxito masivo. Sin embargo, Paich tenía una idea muy clara: quería dejar de ser solo una pieza de la maquinaria de sesión y empezar un proyecto propio. Tenía una enorme cantidad de material y composiciones que no encajaban del todo en encargos para otros artistas mientras que Porcaro, por su parte, quería una banda estable donde pudiera explorar otros estilos con libertad y trabajar con músicos que hablaran el mismo idioma musical.

Ahora solo restaba darle forma a esa idea y para eso Porcaro invitó a su hermano, Steve Porcaro, un prodigioso tecladista especializado en sintetizadores y Paich convocó a Steve Lukather, un amigo que ya a los 19 años era un prodigio de la guitarra. Para completar la primera formación, le ofrecieron un lugar a los compañeros de sesión David Hungate (bajo) y Bobby Kimball (voz) quienes no dudaron en intentarlo. De esta manera comenzaba a funcionar una maquinaria de éxitos que, al día de hoy, sigue convocando a millones alrededor del mundo.

Discografía

Lo que define a TOTO no es solo su discografía exitosa sino su capacidad para moverse con naturalidad entre rock, pop, funk y jazz-fusion. Eso se nota en los momentos clave de su carrera; la formación original de músicos de estudio que terminaron gestando una química propia; el golpe comercial y artístico de TOTO IV; las tragedias personales (como la muerte de Jeff Porcaro en 1992) y la persistencia del grupo a lo largo de décadas. Todo eso se siente en los registros de estudio y, sobre todo, en los conciertos.

Toto IV: el disco que lo cambió todo

Si bien el disco debut homónimo de 1978 incluía el clásico Hold the line (que debutó en el puesto 5 de Billboard hot 100 de Estados unidos), si hubiese que elegir un disco que represente la tensión entre destreza y pop perfecto, es Toto IV (1982). Ahí están los tres ejes de la banda: canciones impecablemente escritas, arreglos orquestales medidos y una ejecución instrumental que suena casi clínica de tanto dominio. Canciones como Rosanna y Africa son ejercicios de economía melódica y sofisticación rítmica; I Won’t Hold You Back, por su parte, muestra el costado sentimental, mientras que el resto del álbum combina groove, solos magistrales y una producción impecable. Fue el disco que los catapultó globalmente y que demostró que un grupo de sesionistas podía dominar tanto el hit como la complejidad musical.

TOTO en vivo

Ir a ver a TOTO no es ir a un karaoke de hits como muchos pueden pensar; es ver a músicos que dominan su oficio hasta en los mínimos detalles. En vivo se nota la herencia de los estudios de Los Ángeles: afinación perfecta, dinámicas trabajadas, solos que respetan la canción pero que, cuando la ocasión lo pide, estallan en improvisaciones precisas. Además, la banda suele rearmar arreglos, alargar pasajes instrumentales y rendir tributo a sus distintas épocas, lo que convierte cada show en una función única para quienes valoran la ejecución. Esa calidad ejecutiva —la sensación de que cada músico podría tocar en la primera fila de cualquier sesión mundial— es el gran atractivo de la banda en vivo.

Mucho más que una guitarra

Steve Lukather se ha convertido en mucho más que un guitarrista prodigio, es el hilo conductor de la historia de TOTO. Es que su reputación va más allá del grupo: es uno de los sesionistas más prolíficos de la historia, con aportes en miles de discos y colaboraciones con artistas de primer nivel. Lukather combina la técnica del rock con fraseos tomados del jazz-fusion y una sensibilidad melódica que prioriza la canción. Es famoso por su capacidad para grabar partes en una sola toma y por su tono directo y expresivo; esto lo convirtió en modelo a seguir para generaciones de guitarristas que buscaron elegancia y efectividad y no solo virtuosismo ostentoso. Además, su manera de pensar la guitarra —como instrumento que sirve a la canción y al arreglo— lo transforma en una figura de referencia para quienes estudian el oficio de sesionista: su legado técnico (desde la elección de tonos hasta la economía en la ejecución) se escucha en músicos de rock, pop y fusión que vinieron después.

Volver a verlos: un año después

Puede parecer repetitivo asistir al show de un grupo que ya tocó el año pasado, pero hay razones de peso para que esta fecha sea distinta:

  1. La presencia de Christopher Cross (máximo referente del denominado yacht rock) como invitado eleva la velada a un formato adulto y elegante, con posibles duetos y sorpresas en el repertorio.
  2. La propia naturaleza de TOTO garantiza que los arreglos, solos y el pulso del setlist raramente se repiten nota por nota entre giras.
  3. Ver a una leyenda como Lukather en vivo hoy es una clase magistral en tiempo real sobre cómo tocar para la canción. 

La combinación entre nostalgia (los hits) y la frescura del virtuosismo presente hace que la experiencia 2025 tenga su propio sentido, más allá de la mera repetición del evento anterior.

Al final del día, la invitación no necesita explicarse demasiado: entre la precisión instrumental, los himnos que atraviesan generaciones y la promesa de una noche donde la técnica se pone al servicio del canto y la melodía, la velada del 13 de diciembre se presenta como un momento para escucharlos con atención renovada. Si alguna vez se quiso entender por qué una canción pegó para siempre —y qué transforma a un músico de sesión en una leyenda—, esa noche lo demuestra en vivo.

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