¿Cuál será el próximo paso del dúo pop formado por Ale Sergi y Juliana Gattas? Esa es la pregunta que todo el mundo se hace
✎ Hernani Natale
Tras dos años de un ininterrumpido éxito, que le permitió al dúo conformado por Ale Sergi y Juliana Gattas amigarse con sus históricos detractores y presentarse a nuevas generaciones que no dudaron en adoptarlo como referente, “Hotel Miranda!” cerró definitivamente sus puertas el pasado sábado 20 de diciembre, con un colorido y celebratorio show en la cancha de Ferro.
Así lo confirmó el propio cabecilla del grupo cuando, antes de entonar la canción final, dijo a la audiencia que Miranda! no tiene planes de pisar un escenario en 2026 porque trabajará en el disco que sucederá a la producción que los situó en un pedestal que le había sido esquivo durante su cuarto de siglo de existencia.
Estas palabras de Sergi preconfiguran un antes y un después en la historia del dúo, si se analiza su derrotero hasta alcanzar la redención con “Hotel Miranda!”; y así pareció entenderlo -tal vez, inconscientemente- el público que colmó el estadio, a juzgar por la intensidad con que vivió el concierto.
“Bailemos, seamos felices hoy. Mañana, nunca se sabe”, pareció transmitir la resultante del sentir de cada uno de los presentes, en el tercer show de la trilogía realizada en el reducto de Caballito -las dos anteriores habían sido en noviembre-, pensado como cierre de ciclo.
Pero este final de etapa vale tanto para el proceso iniciado en 2023, cuando se lanzó el disco “Hotel Miranda!” y se ideó una puesta conceptual para los conciertos, como si se aludiera a la historia completa de la banda y este presente con sabor a victoria largamente anhelada y alcanzada al fin.
En la 2004 pre-Cromañón, con el rock barrial en el apogeo de su reinado; la irrupción en las radios del electropop de Miranda! a bordo de “Don” y el falsete de Ale Sergi, despertaba burlas en el público rockero local. Pero, más allá de eso, el grupo alcanzó un éxito sostenido en una audiencia sectorizada. El timbre electrónico de sus canciones, el toque kitsch en sus letras y en su estética, y las melodías pegadizas fueron un imán para esos seguidores.
Muchos muros de Berlín cayeron en la cultura popular y en la calurosa noche de Ferro, durante la fiesta final, niños con sus padres, adolescentes, parejas de jovencitos, grupo de chicas y hasta muchachos solitarios de remeras con insignias rockeras se dejaron llevar por el irresistible ritmo de Miranda! y se hermanaron en un baile generalizado. Nadie erraría si arriesgara que muchos de los post-40 que se entregaron a esta celebración, son los que se mofaban de Miranda! a principios de siglo.
Pero si gran parte de ese cambio puede explicarse por la desaparición de varios prejuicios, el grupo también hizo su parte cuando decidió una suerte de falso relanzamiento con un disco que recopilara sus hits en nuevas versiones con invitados estelares. Decimos falso relanzamiento porque Miranda! nunca se fue, pero sí estaba destinado a ir perdiendo terreno ante las nuevas tendencias.
El tándem Sergi-Gattas acertó un pleno. Se asoció a nuevas figuras que lo adoptó como referente, dio a conocer sus éxitos a un público joven, reanimó el idilio con antiguos fans y se ganó el respeto y la admiración del público que históricamente le había dado la espalda.
La renovación llegó con un show a la altura de la apuesta, caracterizado por una escenografía que reproducía la fachada y los pasillos de un viejo hotel de lujo, un cuerpo de baile que hacía las veces de personal del establecimiento y diversos cuadros pensados como si ocurrieran en diversos sectores del alojamiento.
Aunque mantuvo el título, el concepto se fue relajando con el correr de las presentaciones desde su lanzamiento en 2003; y para la noche final persistió solo en lo referente a la decoración y alguna mínima referencia. Pero el espíritu sí se mantuvo inalterable y fue in crescendo con el tiempo.
En definitiva, Miranda! le dio una despedida memorable a “Hotel Miranda!”, con su reconocida sucesión de grandes éxitos; invitados de primera línea, aunque solo Tini en modo presencial; una dinámica e impactante puesta y un pulso bailable que hizo imposible mantenerse inmóvil.
Fueron dos horas en las que, salvo algún cuadro de baile, desfilaron casi sin interrupciones unas 29 composiciones que, en su mayoría, están grabadas en la memoria colectiva contemporánea; lo cual es muchísimo en tiempos en los que la música es un commodity.
Como ya es habitual, el dúo Sergi-Gattas hizo gala de su teatralidad y regaló perfectas interpretaciones, de aquellas que logran transmitir la energía de cada emoción y la proyecta al público. Actriz consumada -por ejemplo, en “Los domingos mueren más personas”-, Gattas saca ventaja con sus ampulosos mohines melodramáticos y su desparpajo corporal. No desentona en ese aspecto Sergi, aunque su rol central está en la precisión vocal.
Entre el arsenal de pistas que conformaron el gran bloque musical, emergieron como dos nobles guerreros de la resistencia analógica, el pulso rockero del guitarrista Gabriel Lucerna y la potencia escénica de la baterista Ludovica Morell, protagonista central del armado visual del show.
Desde las pantallas, despertaron ovaciones como si estuvieran de cuerpo presente, Emilia en “Uno de los dos”; Mateo Sujatovich en “Triste”; Lali en “Mejor que vos”; Nicki Nicole en “Hace rato”; y Abraham Mateo en el cover de Pimpinela “Ese hombre”. Más estridente aún fue el recibimiento para Tini, quien sí pisó el escenario para “Me gusta”.
En otros pasajes del concierto, fueron recibidos con gran excitación clásicos como “Perfecta”, “Hola”, “Lo que siento por tí”, “Yo te diré”, “Me gustas tanto”, “Ya lo sabía”. “Mentía”, “Fantasmas” y “Enamorada”, entre tantos.
Cada una de estas interpretaciones fue acompañada por algún número a cargo del cuerpo de baile, ataviados con trajes que por momentos plagaron el lugar de faunos, seres de otros planetas, mutantes, números circenses y trajes pin-ups, entre sus variantes más reconocibles.
Tras el primer bis con “Tu misterioso alguien”, Ale Sergi lanzó el anuncio del parate para abocarse a un nuevo disco. Antes, recordó el camino recorrido, los humildes inicios y la paradoja de ver a otros artistas en estadios llenos y encontrarse, ahora, ellos mismos en una situación así pero desde arriba del escenario. Las lágrimas de Juliana le dieron su significado real a esa reflexión.
“Don” fue el estallido pop ideal para ponerle el broche de oro a una noche inolvidable, en la que abundaron las bombas de humo, las llamaradas, la lluvia de serpentinas y el papel picado.
El futuro dirá el camino que emprende el dúo. Luego de “Hotel Miranda!”, este año había lanzado una suerte de continuación, “Nuevo Hotel Miranda!”, con temas nuevos aunque manteniendo el concepto y la presencia de invitados. Habrá que tener paciencia para saber cómo continúa la historia. Es Miranda!, mi amor.
