Necesidad de gritar (que está todo bien)

Bestia Bebé volvió a Niceto Club y spoileó dos canciones de su próximo disco

✎ Sofi Dalponte Roibás

Cuando alguien se está por ir de viaje, sobre todo si es lejos o largo, suele hacer visitas de despedida. Una recolección de besos, abrazos, pedidos de cuidados o promesas de regalos. Uno va con sus seres queridos a sentir esa última sensación de hogar y emprende el viaje. En esa pre-aventura se encuentra Bestia Bebé, en plena presentación de fechas por Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe antes de su gira por Europa.

Catorce años para una banda no es poco y menos en una escena que —en la Argentina— no se caracteriza por explotar estadios sino por una constancia firme y estable que termina por ser sólida y generando su propia fidelidad en el público.

La banda oriunda de Boedo recientemente adelantó dos tracks de su nuevo disco de estudio, el sexto, próximo a salir en mayo (Yendo rápido a ningún lugar): El atrevido y Si me voy no significa que te quiera menos. Ambas con buena repercusión por parte del público, más la primera por ser más clásica y poguera (y bailable, sí) que la segunda, que cuenta la historia de un anti-héroe de capa caída y a corazón abierto sobre sus errores y consecuencias.

Es muy común encontrar en los seguidores de Bestia Bebé varones de variada edad con camisetas de fútbol y ganas de cantar saltando lo que sea hasta canciones que quizás no tienen el ritmo apropiado para la ocasión (Patrullas del terror empieza con Tom Quintans, el cantante, solo con su voz y su guitarra acústica). Si en otros recitales o festivales hay un código de vestimenta que pide estar a la moda o lucir canchero, en este caso es totalmente lo contrario: el más despojado, el look más deportivo va a ser el que esté más en consonancia con el ambiente. Otro código, el propio. Lo que llama la atención es que ese mismo tipo de seguidor es el que canta “Desde que yo te conocí / nunca te voy a dejar ir” de Antártida Argentina o “Tengo fuerzas para soportar / pero solo se va a complicar” de Rondador Nocturno. Lejos de una cursilería plástica, las letras de Bestia Bebé durante su carrera construyeron un universo donde sus personajes son sensibles, imperfectos y compañeros.

Y es ese mundo el que se alcanza cuando ocurre la magia del vivo. Un vivo cuya música no está guiada por lo superficial o materialista, sino por la sencillez de ser un grupo de personas haciendo lo que les gusta, que tienen el privilegio de disfrutar de su trabajo. A pesar de los sacrificios propios de una banda autogestiva, la devolución es un público devoto que agradece con cada parte de su cuerpo, revoleando brazos, cervezas o simplemente siendo levantada por otra gente en el movimiento del pogo, llegando a tener los pies totalmente en vertical y para arriba, como si fueran nadadoras artísticas y en vez de agua hubiera más y más personas. Así, en variadas ocasiones, porque Bestia Bebé elige los temas para que su público se divierta, y entonces tocan los clásicos y los más gritados: Sabés!, Omar, El Descontrol, Cangrejal, y en realidad, la lista entera. Una retroalimentación entre banda y fans que ya tiene sus complicidades, que responde con gritos y revoleos de brazos cuando el cantante levanta los suyos, invitando a agitar más, o cuando sube sus puños en alto como un campeón, que tiene sus maneras de decir “te quiero” y “gracias” con la vehemencia que sólo en el ambiente del fútbol se conoce.

Ahora la banda superó los límites del ámbito deportivo y ya van a verla parejas (cuyo pacto implícito se puede ver cuando suena algún clásico máximo, se miran, se sonríen y él se va directo al centro del pogo desaforado y ella se queda), grupos de amigos que, en el clímax de cada tema se separan para saltar y vuelven, en el mejor de los casos, a juntarse y seguir disfrutando, o gente sola. La necesidad de cantar “si te digo que está todo bien / escuchame, no es mentira” y demás expresiones optimistas — combinadas con música sentida y a veces nostálgica— conscientes de que es más fácil ser pesimista, hoy abarca a distintos géneros y edades.

Año 2026. Época que es cada vez más cooptada por corporaciones que toman decisiones por uno como consumidor, una oferta controlada por el mercado, la ley de la selva, expresiones artísticas que irrumpen, llenan estadios de forma fugaz y que después es una incógnita si podrán sostenerse, ¿cómo resiste una banda a todo esto, al paso del tiempo, a posibles fricciones internas, a simples cambios que puedan generar rechazo en su público, a la inestabilidad económica que supone ser independiente? No existe una fórmula mágica ni un manual que enseñe cómo hacerlo. Quizás Bestia Bebé es un caso especial donde el grupo construye su propia concepción del éxito: tocar en vivo la música que quieren y ser aceptados por un público que necesita cantar, bailar y saltar en vivo sus canciones. Porque  sus canciones no son cualquier canción y tampoco son ambiciosas en su búsqueda, no plantean refundar la lírica argentina con sus ideas, simplemente son el resultado de su propio mundo, su visión: pueden ser divertidos, más o menos optimistas, sarcásticos, sensibles o fríos, pero lo hacen a su manera. Eligen ir por una vereda que no les garantiza una explosión de fama y fortuna, (que tampoco son sus objetivos), pero sí una respuesta con entusiasmo tremendamente honesto en cada presentación. En la sencillez de lo que son y construyen reside una de las respuestas posibles. Y así lo entienden también sus fans, que encuentran en esas casi dos horas la pertenencia que hoy en día no es tan fácil encontrar.

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Publicado el 28 marzo, 2026

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