Pero no me pidas que no te ame así

Cinco momentos de Rock en Baradero desde el público

 Facundo Arroyo

La edición número once de Rock en Baradero reunió a más de 25 mil personas dispersas en tres escenarios, entre el frío y el calor de dos días enigmáticos. Lo más curioso, o como si las cruces de sal hubiesen funcionado, es que la lluvia, o gran parte de ella, cayó en el descanso entre los dos días. Viento y lluvia, para ser más exactos, durante la madrugada del viernes que no arruinó el anfiteatro natural de Baradero. Mercedes Sosa, más todo el rock nacional que habita el cielo, hicieron lo suyo en la negociación con San Pedro. O quizás, directamente, haya sido el fenómeno físico de la música, el hambre del río y la convicción de esas familias que ya comparten escenarios porque por ahí pasan muchos de sus artistas favoritos.

#1. Los bombos y el homenaje a Mercedes: Una familia.

Una familia estuvo sentada, como dice el Sabalero, al cordón de la vereda. En este caso, la que bordea el Anfiteatro de Rock en Baradero. Esperaron a que su hija de unos ocho años escriba su nombre en el pizarrón que estaba al costado de Mercedes Sosa. Se leyó: “Anita” y de fondo aparecieron los versos “Cuando estés mal, cuando estés sola, no te olvides de mí, porque sé que te puedo estimular”. El aire los trajo. En esta edición del festival, el homenaje-santuario fue para la cantora de nuestra tierra. Justo en unos días en el que fue tendencia por un agravio de alguien que ni merece ser mencionado. El retrato para el festival lo hizo Leo Gauna y la familia de Anita lo usó para sacarse la primera foto de dos largas jornadas. Justo antes de entrar al predio donde están los dos escenarios principales, el sonido del parche y la madera sonaron de bienvenida. Era la Compañía de Bombos Renacer de Baradero, porque el homenaje también tuvo sonido.  

#2. El debut de Autos Robados y el swing de Dancing Mood: un loco armando una bandera de Lugano.

Era uno de los tirantes de una carpa que quizás ya no exista. Cuando unía cada una de sus partes no se trababan. Así que, práctico y mágico, metió la mano en su bolsillo y, sí, sacó una cinta negra aisladora. Mientras cantaba “Soñando edificios, cada vez más fuerte. / Odiando a todo el mundo, por ahí jurando muerte”, enrollaba en el aire cada pedazo del futuro mástil. “Por ahí, eh”, enrolló cinta, “por ahí, eh”, revoleó una bandera verde de Lugano. Así disfrutó del debut de Autos Robados, por momentos abrazando al otro que se disfrazó de calavera a pesar del calor húmedo irrespirable, y después, al rato, agitó en el escenario del Parque con Dancing Mood. Gritaba “trompetaaa” todo el tiempo, sobre todo entre tema y tema, mientras Hugo dirigía a su orquesta de ska y derivados de la isla. ¿Existen shows flojos de Dancing Mood? No lo creo. Trompetaaa. 

#3. Los Tabaleros haciendo una de Sandro: Dos gordos esperando en las hamacas.

“La parte del bosque tiene mística”, dijo un joven periodista de 23 años. En realidad Facundo tiene 22 pero dice que tiene 23, quién pudiera tener la desfachatez de agregarse edad. Era la primera vez que iba. La parte lúdica siempre explota en colores y ahí es donde salen muchas fotos para la historia personal. Mientras Los Tabaleros se mandaban una versión profunda y gruesa de “Penumbras”, clásico que cantaba Sandro, dos gordos esperaron sentados en dos hamacas. Arriba de ese mástil estaba el logo del festival. El viento los movía un poco mientras ellos, absortos entre goma Eva rosa, chequeaban con la señal que tenían algunas cosas de sus celulares. ¿Estarían esperando a sus parejas perdidas entre las voces tabaleras? Quizás hayan vuelto después de un rato y, a coro, les cantaron: “Pero no me pidas que no te ame así”.  

#4. El oficio y la vuelta de Babasónicos más la dulce dramática de Elmató: Un grupo de amigas a los saltos coordinados y el seguridad cantor.

Mientras sonaba “La pregunta”, sobre todo en el momento más tecno de esa declaración de principios que hace el hermoso de Dárgelos, cuatro amigas se abrazaron y saltaron coordinadas. Las luces, exclusivas del equipo técnico del show de la banda, funcionaban a la orden de la excitación rítmica. Una de las chicas tenía la remera del festival que dialogaba con el modelo Adidas que peló Oasis, y su locura, hace unas semanas en el país. La versión de Rock en Baradero se agotó varias veces en los puestos oficiales. Después llegó El Mató a un Policía Motorizado y, mientras pintaban la nostalgia en el norte de la provincia de Buenos Aires, un chico que tuvo que trabajar de seguridad en el finde largo no se aguantó: cantaba “Esta noche es especial” mientras hacía fuerza para que no se le muevan los labios. Tan brillante como el oro en la oscuridad.   

#5. Marilina Bertoldi y el mejor show a pesar de la balada: Un chape inolvidable. 

Como en toda la temporada de festivales, Marilina Bertoldi salió disfrazada. Un traje por festival. Se usa solo una vez y luego se arma ¿una futura colección? En este caso, se transformó en una tradwife porque, según ella, hay que subir al escenario a feminidades extremas. Por fuera del melodrama pop, Marilina sigue ensalzada en una cuarteto crudo, muy rockero y de base, para tocar Para quien trabajas Vol. 1,  su último disco. El set podría estar ahí, bien arriba y sin baches, pero también elije bajar a la balada. Y aunque no parezca necesario, cuando Valeria y Mariana (que son de Baradero pero viven en el barrio de Chacarita) empiezan a chapar mientras la escuchan, la cosa toma sentido. Es un beso tan profundo que suspende las especulaciones. Marilina dice “Con un beso mío, amor / Desnudemos el frío al sol” mientras Valeria y Mariana no aflojan. Después ella sigue con el rock y ellas con el abrazo eterno. Pueden hacer pogo y cantar más fuerte pero como dijo Sandro en la voz de Los Tabaleros más temprano: no me pidas que no te ame así.  

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Publicado el 28 marzo, 2026