Entre lo íntimo y lo colectivo

En diálogo con ESTO ES NOTA, Silvia Pérez Cruz reflexiona sobre la velocidad de estos tiempos, el poder transformador de la música y el vínculo profundo que la une con Latinoamérica

✎ Claudia Regina Martínez

La primera canción que Silvia Pérez Cruz aprendió a tocar en la guitarra fue “Alfonsina y el mar”. Tenía apenas doce años y la eligió por una razón íntima: quería compartirla con su padre, un hombre apasionado por la música que no siempre estaba presente. Cada vez que se encontraban, volvían a cantar esa obra inmortalizada por Mercedes Sosa. Con los años entendió que aquel gesto era mucho más que un recuerdo familiar. Sin saberlo, allí había comenzado una relación con Latinoamérica que terminaría marcando su manera de cantar, de escuchar y de entender la música.

Ese vínculo, construido a fuerza de viajes, encuentros y canciones compartidas, vuelve a hacerse presente en Oral_Abisal, el álbum con el que la artista catalana inicia una nueva etapa creativa y que presentará el próximo 29 de agosto en el Teatro Ópera de Buenos Aires. Después del monumental Toda la vida, un día, Pérez Cruz propone ahora una obra que se mueve entre dos territorios complementarios: lo oral y lo abisal, la canción desnuda y la exploración sonora, la cercanía del cuerpo y las profundidades de la imaginación. En la conversación, sin embargo, el disco termina siendo apenas un punto de partida para hablar de algo más amplio: la creación como refugio, la empatía como forma de resistencia y la convicción de que el arte todavía puede ofrecer un espacio donde detener el tiempo.

Cuando recuerda cómo nació su relación con este lado del océano, Silvia no habla primero de giras ni de colaboraciones, sino de la infancia. Evoca a su padre fascinado por las habaneras, por el son cubano y por las músicas afrodescendientes. En esa casa, explica, la música latinoamericana formaba parte de la vida cotidiana mucho antes de que ella comprendiera su dimensión cultural.

“Alfonsina y el mar” apareció en ese contexto. Primero como una manera de llamar la atención de su padre y después como una compañía que ya nunca la abandonó. Con el tiempo llegaron Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia y tantos otros paisajes sonoros que fueron ampliando su universo creativo.

“Cada vez que viajo aprendo algo nuevo. No solamente sobre la música, sino sobre la manera de vivir, de compartir, de cuidar a los otros”, cuenta. Esa idea del cuidado aparece una y otra vez durante la charla. Habla de la generosidad de los pueblos latinoamericanos, de la poesía que encuentra en las formas cotidianas de vincularse y de una tradición musical que nunca deja de enseñarle.

Argentina ocupa un lugar especial dentro de ese recorrido. Además de la influencia temprana de Mercedes Sosa, recuerda sus viajes con Juan Falú, con el que grabó el disco Lentamente, publicado en 2024, las amistades que fue construyendo y una forma de entender la cultura que la sigue conmoviendo. “Siempre digo que en Argentina se celebra mucho la belleza del otro. Hay una enorme capacidad para verla, para nombrarla y compartirla. Eso me emociona profundamente”.

No es casual, entonces, que haya decidido realizar uno de los conciertos más ambiciosos de la gira justamente en Buenos Aires. Aunque el formato habitual del tour es en cuarteto, la fecha argentina tendrá una dimensión mucho mayor, con una formación ampliada, instrumentistas locales y un coro. “Necesitaba que este concierto fuera especial porque siento que este país forma parte de este disco. Hay mucho de lo que aprendí aquí que terminó entrando en estas canciones”, explica.

Sobre Oral_Abisal, señala que el título resume una idea que atraviesa las quince composiciones, aunque, aclara, esa reflexión apareció bastante después de que existieran las canciones. “No empiezo componiendo desde un concepto”, dice. “Primero escribo. Después descubro qué estaba buscando”.

En este caso, comenzó a notar que convivían dos impulsos muy diferentes. Por un lado aparecían canciones construidas desde la guitarra, las cuerdas y una sonoridad más cercana a la tradición. Al mismo tiempo sentía la necesidad de encerrarse en el estudio para experimentar con sintetizadores, metales y nuevos paisajes sonoros.

Durante un tiempo creyó que estaba componiendo dos discos distintos. Más tarde comprendió que ambos mundos hablaban de la misma búsqueda. “Me di cuenta de que estaba habitando esa dualidad permanente entre lo conocido y lo desconocido. Y que, en realidad, no quería elegir uno de los dos”.

Para Pérez Cruz esa tensión no constituye una excepción, sino una manera de entender la existencia. Si Toda la vida, un día reflexionaba sobre los ciclos vitales, este nuevo trabajo se concentra en aquello que ocurre entre un punto y otro: perder el eje, recuperarlo, deconstruirse, volver a empezar. “Creo que ése es el latido natural de la vida”, resume. “Irse, volver, reconstruirse constantemente”.

Cuando se le pregunta cómo es hacer música en una época dominada por la velocidad, dice que mientras las plataformas digitales impulsan canciones cada vez más breves y una lógica de consumo inmediata, Oral_Abisal propone exactamente lo contrario. Es un álbum pensado para escucharse completo, sin apuro, como un recorrido.

“Intento entender este tiempo, pero no quiero enfadarme con él”. Prefiere aceptar que conviven distintas maneras de hacer música y concentrarse en aquello que siente verdadero. “No quiero que eso afecte mi manera de crear, porque creando me salvo de este mundo. Ahí me entiendo a mí misma. Ahí me siento libre”.

No habla desde una postura de resistencia romántica ni desde el rechazo a las nuevas tecnologías. Sabe perfectamente cómo funcionan las plataformas, los algoritmos y la lógica de los sencillos. Incluso acepta jugar ese juego cuando llega el momento de elegir qué canción adelantar. Pero hay una frontera que no está dispuesta a cruzar. “Soy consciente de que la mayoría escuchará los singles porque así funcionan las plataformas. Pero yo necesito hacer este discurso entero. Este disco tiene quince canciones porque no sé contarlo de otra manera”.

Una de las canciones más conmovedoras del álbum es “Mar muerto”. En ella aborda la tragedia de las migraciones forzadas, pero evita deliberadamente cualquier tono panfletario. Le interesa otra cosa: comprender qué ocurre cuando un ser humano se ve obligado a abandonar el lugar donde nació. “Lo primero que pensé fue que nadie deja su casa si no tiene una razón muy profunda para hacerlo”, explica. “Quise imaginar ese miedo desde lo humano, no desde la política”.

Para escribir la canción decidió ponerse en contacto con la organización Open Arms. Les pidió que escucharan la obra y le dijeran si les parecía respetuosa. También solicitó testimonios de personas rescatadas en el Mediterráneo. Finalmente, dos sobrevivientes -uno de Senegal y otro de Malí- participan del tema hablando en sus lenguas maternas. 

No fue una decisión estética, sino ética. “Quería que hablaran desde su identidad, desde su fortaleza, no desde la inseguridad de expresarse en un idioma ajeno”. La artista es consciente de que escribe desde un lugar de privilegio. Por eso buscó que esas voces no aparecieran como ilustración de una idea, sino como protagonistas de una experiencia que ella nunca vivió en primera persona.

La empatía vuelve a aparecer cuando la conversación se traslada a la Argentina. Llegará al país en un momento especialmente complejo para la cultura independiente, atravesada por recortes presupuestarios, incertidumbre y una creciente dificultad para sostener proyectos artísticos.

¿Puede la música hacer algo frente a ese escenario? Silvia se toma unos segundos antes de responder. “Creo profundamente en la fuerza del arte”, dice. Pero enseguida introduce un matiz. También comprende el cansancio de las sociedades, el desgaste que producen las crisis repetidas y la necesidad de protegerse para seguir adelante. Aun así, insiste en que los conciertos conservan una potencia difícil de reemplazar. “Durante un rato recuperas algo que ya estaba dentro tuyo. Sientes que perteneces a una comunidad, que hay otras personas que creen en los mismos valores. Eso da fuerza”.

La respuesta deriva, casi naturalmente, hacia un elogio de la cultura argentina. Habla del valor que aquí se le otorga a la belleza, de la capacidad para reconocer el talento ajeno y celebrarlo sin mezquindades. También recuerda el aprendizaje que significó para ella el movimiento feminista argentino y las redes de apoyo entre mujeres, una experiencia que terminó influyendo incluso en la concepción de Oral_Abisal.

Por eso el concierto del 29 de agosto en el Teatro Ópera tendrá características únicas dentro de la gira latinoamericana. Además del cuarteto que la acompaña habitualmente -violín, violonchelo, contrabajo y guitarra-, el escenario se poblará de músicos argentinos, metales, flautas y un coro de ocho voces convocado por Luna Monti. “No era rentable hacerlo así”, admite entre risas. “Pero había cosas que necesitaba contar y sentía que Buenos Aires era el lugar donde este disco podía desplegarse completo”

Todavía no confirma invitados especiales, aunque reconoce que ya habló con varios músicos amigos y no descarta que alguno termine sumándose sobre el escenario. Si no ocurre durante el concierto, asegura, sucederá después, seguramente, en el marco de alguna guitarreada.

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Publicado el 21 julio, 2026