“Sin Argentina, nuestra historia no estaría completa”

En conferencia de prensa, Campino y Breiti explicaron por qué eligieron despedirse de los escenarios argentinos mientras todavía se sienten en buena forma.

✎ Carlos Noro

DIE TOTEN HOSEN se mostró distendida durante la conferencia de prensa, con ganas de responder y de interactuar con los periodistas. Las preguntas dieron lugar a recuerdos, bromas e intercambios entre los propios integrantes, que se tomaron tiempo para desarrollar sus respuestas y escuchar las experiencias de quienes estaban presentes. Breiti, guitarrista del grupo, intervino en español, mientras Campino, cantante, alternó reflexiones sobre la despedida con anécdotas y comentarios que despertaron risas. Incluso al abordar asuntos dolorosos, la conversación mantuvo esa disposición al intercambio. El encuentro permitió recorrer las razones de este último viaje de conciertos, pero también lo que Argentina dejó en sus vidas: amistades, aprendizajes y una relación con el público que los músicos reconocen como una parte fundamental de su historia.

La decisión de despedirse nace de una preocupación concreta: evitar que ese vínculo termine sin que nadie haya tenido la oportunidad de reconocer su último encuentro. Breiti recordó que entre algunas visitas habían transcurrido dos años y entre otras, cuatro, y planteó la incertidumbre sobre lo que podría suceder después de otro intervalo semejante. “Queremos evitar la situación de que un día simplemente ya no vengamos”, explicó. La intención es cerrar esta etapa de una manera adecuada mientras todavía se sienten en muy buena forma y pueden disfrutar de los conciertos. Campino profundizó esa idea al señalar que nunca habían imaginado terminar su recorrido sin saludar antes a los argentinos: “Siempre tuvimos la sensación de que, si queríamos terminar con la banda, no podíamos hacerlo sin antes habernos despedido de ustedes”. Sabían, agregó, que dejar de venir sin explicaciones podía ser tomado como algo personal por quienes los acompañaron durante tantos años. “Creemos que es mejor irse temprano que demasiado tarde”, sostuvo. Sus palabras explicaron el cierre de esta etapa en Argentina, aunque no establecieron una fecha para el final del grupo: quieren elegir el momento y actuar antes de que las circunstancias los obliguen a hacerlo.

Esa voluntad convive con la tristeza y con la extrañeza de saber que cada experiencia adquiere ahora un carácter distinto. Campino reconoció que no resulta cómodo estar en el país pensando que esta será la última visita de conciertos y recurrió a una comparación que acercó el sentimiento a una escena cotidiana: “Imaginate que te decís: ‘Este es el último bife de lomo de mi vida’. Entonces tratás de disfrutar cada pedazo”. Así quieren atravesar los días de la gira, prestando atención a cada hora y conservando lo vivido para llevarlo de regreso a casa. “La historia con Argentina fue maravillosa desde el primer día hasta el último, y nadie nos va a quitar eso”, expresó. Breiti retomó en español el costado doloroso de la decisión: “Es triste para nosotros y tal vez para ustedes también, pero es importante llevar las cosas a un buen final”. La conversación también recuperó el contraste entre los espacios pequeños en los que comenzaron a tocar y la escala de esta despedida, que reúne un encuentro en el Teatro Vorterix con el cierre en el Movistar Arena. Ese recorrido permite mirar el crecimiento de la banda en el país y la importancia que conservan los conciertos en lugares donde el contacto con el público resulta más próximo.

Cuando les pidieron identificar algunas de sus noches más significativas, quedó claro que tantos años de actividad vuelven difícil cualquier selección. Entre los recuerdos aparecieron las actuaciones callejeras, el primer concierto en Halley, el 11 de septiembre de 1992, cuando compartieron escenario con PILSEN, y su participación en la despedida de RAMONES en Argentina, el 16 de marzo de 1996, en el estadio de River Plate. Esas dos fechas permiten dimensionar el recorrido: desde el encuentro inicial en una discoteca de la avenida Corrientes hasta una jornada multitudinaria junto a una de sus grandes referencias musicales. La memoria también reunió situaciones más inesperadas, como el escenario que se desplomó casi inmediatamente después de comenzar a tocar y dio lugar al concierto más corto de su carrera, de alrededor de treinta segundos. Los músicos recuperaron esas experiencias entre comentarios y bromas, sin poder reducirlas a una única noche favorita. La dificultad para elegir mostró que su vínculo con Argentina se construyó mediante una acumulación de encuentros, cada uno con una marca propia y un lugar en la historia compartida con el público.

Video: Bis zum bitteren Ende — Halley, Buenos Aires, 1992

Video: Born to Lose — Halley, Buenos Aires, 1992

Esa dimensión personal tomó otra forma cuando un periodista contó que había viajado a Alemania y aprendido el idioma para comprender las letras del grupo. La música lo había llevado a conocer personas de distintos países y a modificar el rumbo de su vida. Los integrantes reconocieron la emoción que les produce escuchar esas historias y hablaron de los seguidores alemanes que viajarían a Argentina para acompañarlos, así como de los argentinos que hicieron el recorrido inverso durante estos años. Campino destacó que más de mil alemanes llegarían para los conciertos y valoró especialmente lo que podía suceder alrededor: descubrir un país, acercarse a sus habitantes y construir amistades. “Conocer a otras personas es la mejor escuela que podés tener. Podés leer muchos libros, pero la vida es el mejor maestro”, afirmó. También mencionó que algunas canciones de la banda se utilizan en clases de alemán en Argentina. El idioma, que en principio podría parecer una distancia entre el grupo y buena parte de su público, terminó convertido en otra vía de acercamiento.

El intercambio dejó huellas en los propios músicos. Campino habló de su acercamiento al tango y recordó las noches en las que amigos los llevaron a escuchar a jóvenes intérpretes, experiencias que describió con entusiasmo. La pregunta sobre el tatuaje de Carlos Gardel en su antebrazo volvió visible una relación con la cultura argentina que también se expresa fuera del escenario. A lo largo de las visitas, esas canciones, encuentros y referencias fueron integrándose a su manera de mirar el país. “Sin Argentina, la historia de DIE TOTEN HOSEN no estaría completa. Es un gran capítulo de nuestras vidas”, resumió. La afirmación encontró una expresión concreta cuando habló de ATTAQUE 77, DOS MINUTOS y LOS VIOLADORES: explicó que habían traducido sus letras para comprender qué decían y reconocer preocupaciones compartidas. Acercarse a esas canciones implicó escuchar sus palabras y descubrir afinidades que ayudaron a profundizar la relación entre las bandas.

El ejemplo más significativo fue la coincidencia alrededor de Alex, el personaje de La naranja mecánica, presente en los universos de LOS VIOLADORES y DIE TOTEN HOSEN antes de que ambos grupos se conocieran. Campino destacó el valor de haber encontrado, a miles de kilómetros de distancia y sin contacto previo, una referencia que también los movilizaba a ellos. Esa conexión ayuda a comprender el lugar que ocupa el repertorio argentino en sus conciertos y el significado de interpretar canciones como Uno, dos, ultraviolento. “Éramos almas gemelas, de alguna manera”, sostuvo el cantante al recordar aquella afinidad. Las versiones forman parte de un reconocimiento entre músicos que descubrieron que podían entenderse a través de sus canciones, aun cuando sus historias se hubieran desarrollado en contextos diferentes. Con las visitas y las amistades, esa primera identificación adquirió una profundidad que terminó por incorporarse a la identidad de la banda.

Video: Uno, dos, ultraviolento — videoclip oficial de DIE TOTEN HOSEN

Frente al relato sobre la influencia de sus canciones en la vida de los seguidores, Campino recordó que los integrantes del grupo habían vivido experiencias similares con sus propios referentes. “Primero somos fans de la música”, afirmó, antes de mencionar a Joe Strummer y a otras bandas del punk que los habían marcado. Describió esa transmisión como una chispa capaz de despertar algo que ya existe en quien escucha: una inquietud, una posibilidad o una sensibilidad que encuentra en una canción el impulso para desarrollarse. También habló de la fuerza de la música para acompañar una pérdida y ayudar a reconstruirse después de un momento doloroso. “La música es capaz de levantarte otra vez”, sostuvo. Los testimonios del público tienen un valor especial porque los músicos reconocen en ellos una experiencia que también atravesó sus vidas. Breiti, por su parte, expresó en español el agradecimiento por poder seguir dedicándose a lo que aman: “Tocar con la banda, estar con la banda, es la cosa que más queremos hacer en este mundo”. La frase reunió el disfrute de hacer música con la posibilidad de continuar compartiéndola entre amigos.

La pregunta sobre si tocar había llegado a sentirse como un trabajo abrió respuestas con distintos matices. Andi (Bajista de la banda) explicó que nunca había vivido la actividad como la obligación de ir a trabajar, aunque eso no significaba que todos los días fueran fáciles ni que estuvieran libres de dificultades. Breiti también distinguió el placer de hacer música de las tareas de organización que rodean a una banda y que pueden resultar menos gratificantes. Campino, en cambio, recordó momentos de los primeros años en los que las necesidades económicas obligaban a cumplir con los conciertos incluso estando enfermos. Una anécdota sobre Breiti, que había tenido que tocar descompuesto y con un balde junto al amplificador porque no alcanzaba a llegar al baño, llevó esa exigencia a un terreno tan incómodo como absurdo y provocó nuevas bromas. También evocó giras en las que se contaban las fechas restantes como quien espera llegar al final de una obligación. Detrás del humor apareció el desgaste de una actividad que, aun siendo elegida, podía imponer condiciones difíciles de sostener.

El recuerdo de 1997 llevó la respuesta a un terreno mucho más doloroso. Durante el concierto número mil del grupo murió una joven, un episodio que provocó una crisis y los obligó a revisar el sentido de lo que estaban haciendo. “Entramos en una crisis profunda, preguntándonos de qué se trataba todo, qué queríamos alcanzar y cuál era nuestro objetivo como banda”, contó Campino. Cuando pudieron continuar, modificaron su relación con los conciertos y las giras: aprendieron a cuidarse y a reducir el ritmo si las exigencias resultaban excesivas. “Es un privilegio estar en una banda con amigos, tocar y llevar alegría a la gente”, expresó. Desde entonces, aseguró, disfrutó cada noche sobre el escenario y la actividad dejó de sentirse como un trabajo. Su relato permitió comprender que la continuidad del grupo también estuvo acompañada por decisiones sobre cómo preservar el disfrute y reconocer los límites, una cuestión que vuelve a aparecer ahora al elegir la forma de despedirse de Argentina.

La conferencia tuvo además un pasaje político a partir de una pregunta sobre las cámaras de eco, las dificultades para dialogar y los discursos de extrema derecha. Campino cuestionó el funcionamiento de los algoritmos y la tendencia a recibir únicamente información que confirma las propias ideas: “Nos metemos en burbujas y solo escuchamos lo que queremos”. Para el cantante, la multiplicación de canales puede convivir con una pérdida de conversación, porque las personas terminan buscando aquello que desean escuchar y los hechos pierden importancia. Después se detuvo en la consigna de quienes reclaman recuperar su país mediante la idealización de un pasado supuestamente libre de delitos y conflictos. “Hablan de un país que nunca existió”, advirtió. Cuestionó las afirmaciones que presentan décadas anteriores como una época sin los problemas del presente y señaló los lugares comunes y la obstinación con que se repiten como parte de aquello frente a lo que la banda busca posicionarse. En una charla que había destacado tantas veces el valor de conocer otras personas y culturas, esa respuesta expuso las consecuencias de encerrarse en un circuito donde solo se escucha lo que ya se piensa.

Hacia el cierre, Campino prefirió no formular una declaración definitiva mientras todavía quedaban conciertos por vivir, pero dejó un agradecimiento inequívoco para los seguidores argentinos: “Nos hicieron uno de los regalos más grandes que recibimos: nos dieron su amor”. Afirmó que en pocos lugares del mundo habían encontrado una recepción con semejante pasión y reconoció que esa experiencia había enriquecido sus vidas. Para las noches siguientes propuso disfrutar cada segundo y cada canción, con un pedido que recuperó el humor: “Si quieren hacernos un favor, canten ustedes las canciones. Odio mi propia voz; me encanta escucharlos cantar, especialmente lo que cantan entre los temas”. Esos coros espontáneos también forman parte de la historia que vinieron a despedir, porque expresan lo que el público argentino agregó a cada encuentro. La charla terminó con un agradecimiento por la paciencia y la amistad, y con la expectativa de encontrarse esa misma noche en el escenario. Después de tantos años, todavía quedaban canciones por tocar y voces por escuchar.

La gira Fútbol, Asado, Vino y Adiós Amigos continuará el lunes 5 de octubre de 2026 en el Club Unión y Progreso de Tandil, con KATARRO VANDALIKO y FEINE SAHNE FISCHFILET como invitados; el miércoles 7 de octubre en el Bioceres Arena de Rosario, junto a ZONA 84 y FEINE SAHNE FISCHFILET; y el sábado 10 de octubre en el Movistar Arena de Buenos Aires, con CADENA PERPETUA y FEINE SAHNE FISCHFILET. Estas serán las últimas tres fechas de la despedida argentina.

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Publicado el 27 septiembre, 2026