Dread Mar I se subió al escenario para dejar en claro su legado se revitaliza entre generaciones
✎ Denisse Cutuli
En una noche lluviosa en la Ciudad, más de diez mil personas de todas las edades se reunieron para festejar los más de 20 años de trayectoria de la gran referencia del reggae en español. Dread Mar I celebró sus dos décadas con un show emotivo, siempre alegre e íntimo, en el Movistar Arena con su tour cumpleañero. La gira comenzó el año pasado y se extiende durante este para llegar a otras tierras latinoamericanas, como México y Chile, con la idea de presentar también las novedades del último álbum, A Tempo, combinadas con los clásicos que se ganaron su lugar en el corazón de generaciones.
“20 años pasaron, me sigue sorprendiendo al igual que a ustedes”, agradeció Mariano Castro en casi la única pausa que hubo en toda la noche, a excepción de un pequeño interludio promediando el final del espectáculo, en el que se sucedieron una tras otras sin respiro canciones como “Sálvame”, “Promesas”, “Árbol sin hojas”, “No convencerán”, “Nada”, “Más allá de tus ojos”, “Hoja en blanco”, la siempre vigente “Tú sin mí” y el mítico cover de “Así fue”. Grandes y chicos, familias y amigos se dejaron llevar por la fluidez a la que invitaban los propios músicos sobre el escenario y se animaron a bailar a la par, mientras coreaban entre sonrisas las letras de esa especie de ritual intergeneracional.
Precisamente, la decisión de ubicar a los músicos por encima suyo sobre dos tarimas a sus espaldas muestra el protagonismo decisivo que cada instrumento tiene en esa atmósfera única que habilita la conexión con el público, algo que el cantante se encargó de destacar a su tiempo cuando los temas dieron paso a cada uno de los integrantes de la banda para lucirse en solos, con una actuación increíble en el saxo. Pero esa alegría que se vive en cada una de las fechas de Dread no podría siquiera ser posible si no encontrara eco entre ellos mismos. Porque si hay algo que salta a la vista cuando se los ve es la certeza de que cada presentación se vive como un buen rato con amigos, donde la química y la comodidad de una juntada encuentran el modo de cristalizarse ante miles de personas.
Es que todo en esa puesta le abre paso a una afectividad que hoy parece vedada. Hablar del amor, del amor por un otrx y no solo del propio, de la conciencia y de la rebeldía frente a la lógica que comercializa relaciones, del interés por una naturaleza a la que no se busca solo explotar, de la sensibilidad y de querer estar cerca de algo superador que nos una por un rato, de mantener y cultivar durante años vínculos que hoy parecen vivir en la fugacidad. Proponer, en fin, una manera otra de relacionarnos que nos sea más amable para transitar la diaria, incluso con sus complicaciones.
Y eso, en tiempos de crueldades e individualismos voraces, es un pequeño triunfo (extra)ordinario que siguen logrando conquistar.