Ciudad Cultural Konex fue escenario para un homenaje a Luis Alberto Spinetta
✎ Hernani Natale
Principal punto de atracción entre la cantidad de homenajes a Luis Alberto Spinetta que proliferaron por la ciudad el pasado viernes 23 de enero, en conmemoración a un nuevo aniversario de su nacimiento; “El Marcapiel”, la ya clásica celebración llevada a cabo por muchos de sus exmúsicos y comandada por Javier Malosetti, se mostró una vez más como la gran puerta de entrada para sumergirse en el profuso e inabarcable universo que contiene su obra.
Como siempre, allí desfilaron los inevitables y escasos himnos populares de su repertorio, como “Seguir viviendo sin tu amor” o “Durazno sangrando”; los rocanroles de riff furiosos, como “Estado de coma”; perlas de sus coquetos con un soft-rock de corte jazzero, como “Resumen porteño” o “Contra todos los males de este mundo” ; obras monumentales, como “Cristálida”; o piezas adoradas por el paladar negro spinetteano, como “Casas marcadas”; todas ellas en manos de quienes fueron partícipes de la construcción de muchos de esos mundos.
La cita en el patio de la Ciudad Cultural Konex había despertado entusiasmo de antemano porque se trataba del regreso de un ciclo que había tenido cuatro exitosas ediciones entre 2017 y 2020, y había sido discontinuado. Y esta 5º entrega no solo no defraudó, sino que reavivó una necesidad de volver a Spinetta como hacía mucho no se sentía.
Con los primeros anuncios del crepúsculo en el cielo porteño, el sueño de una noche de verano se corporizó cuando los antiguos espadachines del Flaco fueron tomando posiciones en sus instrumentos para transportar a una emocionada audiencia a un viaje cósmico de casi tres horas.
Poco importó el desorden técnico que obviamente se apodera de este tipo de conciertos, en donde van cambiando los músicos de manera permanente; o algunas imperfecciones en el sonido, como voces en un volumen por momento casi inaudibles; pues era el ruido de magia de las canciones el gran factor que dominaba el espacio.
El talento y virtuosismo de todos los músicos que fueron parte de la celebración hicieron posible recrear esas epifanías que afloraban cuando el gran convocante de la velada interpelaba a la audiencia desde el escenario o con nuevas creaciones.
Con el guitarrista Guille Arrom y el tecladista y programador Juan Carlos “Mono” Fontana como miembros inamovibles; a lo largo del show fueron entrando y saliendo los bateristas Daniel Colombres, Daniel Rawsi, y Sergio Verdinelli; los tecladistas Leo Sujatovich y Ale Franov; y los bajistas César Franov, Juan Pablo Rufino y Brenda Martín; en tanto que Dhani Ferrón y Malosetti alternaban entre voces, guitarras, bajos y hasta batería, en el caso del anfitrión, director musical y alma-matter de “El Marcapiel”.
En un rol más estelar estuvieron figuras como Fabiana Cantilo, Lisandro Aristimuño, Machi Rufino, Emilio del Guercio, Baltasar Comotto, Rubén Goldín, Coti Sorokin y Luz Galatea.
Hubo momentos sublimes de teletransportación a dimensiones desconocidas, como con “Cristálida”, en las voces de Rubén Goldín y Lisandro Aristimuño, o “Un niño nace”, por Fabiana Cantilo.
También hubo agradables sorpresas, como Luz Galatea abordando “Cuenta en el sol”; emociones a flor de piel, como en “Jardín de gente”; y revisitas inevitables a diversas eras, como el caso de “Bajan” y “Las habladurías del mundo” que remitieron a “Artaud”, o “Diganlé”, “Cuando el arte ataque” y “Enero del último día”, que dieron cuenta de la incansable búsqueda ochentosa de un aggiornamiento del sonido a través de cadencias jazzeras.
Además, hubo desparpajo en la figura de Fabiana Cantilo, testimonio histórico a través de Machi y Emilio del Guercio, explosión rockera en la guitarra de Baltasar Comotto e inflexiones vocales propias del homenajeado en las gargantas de Goldín, Aristimuño y Ferrón.
No faltaron, por supuesto, las emociones a flor de piel, que se explicitaron en la voz en off del mismísimo Spinetta en el post-mortem “Diadema”; y en el unísono espontáneo de público y músicos en “Quedándote o yéndote”.
Pero, más allá de las sensaciones que cada uno pudo haber experimentado, lo más interesante es que, al igual que en las anteriores ediciones, “El Marcapiel” no eludió del todo los lugares comunes, pero se focalizó especialmente en abrir el juego y exponer los distintos caminos que transitó Spinetta con sus canciones.
Porque es cierto que no faltaron “Seguir viviendo sin tu amor”, “Maribel se durmió” o “Despiértate nena” en plan “una que sepamos todos”; pero exhibir la distancia estilística entre “Estado de coma” y “Tu vuelo al fin”, por caso; abarcar las piezas amadas por los fans más allá que no sean las más aclamadas por la mayoría popular; y mostrar aquellas obras que aún no encontraron su debida difusión, ya ubica a esta propuesta en un lugar muy especial.
Es que Spinetta sigue siendo un rara-avis dentro del rock argentino y del arte en general. Admirado, valorado y respetado sin ambages de manera unánime por todo el mundo, siempre fue también considerado el dueño de una obra hermética, difícil de abordar. Tal vez, porque su propuesta plantea preguntas más que respuestas, o porque sus visiones contrastan demasiado con la materia y lo horrible de este mundo. Para una gran mayoría, su obra sigue siendo un gran enigma. Dichosos de ellos que tienen por delante un mundo tan hermoso y rico para descubrir.