La banda de indie rock argentina más poderosa de todas dio cita en Obras y fue una fiesta
✎ Daniel Bajarlía
Cuando el año pasado se cumplieron 20 años del álbum debut de Él Mató a un Policía Motorizado y la banda decidió hacer una serie de shows especiales para tocarlo en su totalidad, a sus fans de la primera hora se les iluminaron los ojos: por fin tuvieron la oportunidad de volver a escuchar canciones que habían quedado muy atrás en la discografía del grupo y que, con la llegada al mainstream y la evolución de su sonido, parecía que nunca más iban a ser tocadas en vivo.
Esos conciertos superaron las expectativas. Por eso, este año muchos pidieron que Él Mató festeje las dos décadas de Navidad de Reserva, el primer EP de la trilogía que definió el indie platense. Ese movimiento cobijó a muchos jóvenes que a principios de los 2000 no comulgaban con el rock nacional de la época -principalmente el barrial y el rioplatense de sello “santaolallesco”– y que encontraron refugio en las bandas nuevas de la ciudad de las diagonales. Con Santi Motorizado y compañía a la cabeza, esa camada de grupos abrazaron lo mejor del sonido alternativo de los ‘90, influidos por Sonic Youth, Pavement y Guided By Voices, pero también reivindicando el rock sónico que enarbolaron Peligrosos Gorriones y Los Brujos.
“Es la fiesta que te prometí”, cantó Santi apenas arrancó el concierto en Obras, que hoy repite función. A diferencia de lo que sucede en los Estados Unidos, el rock argentino no ha tratado mucho la Navidad en sus canciones, por lo que el primer EP de Él Mató se convirtió con el tiempo en el álbum festivo por excelencia de toda una generación desesperanzada que atravesó la crisis de 2001 y la tragedia de Cromañón, que golpeó profundamente al under. Que “Navidad de los Santos” haya sonado en el mítico Templo del Rock a dos décadas de su lanzamiento es sin dudas un triunfo de la resiliencia del indie, más en esta época de festividades, donde se renueva la esperanza de que vengan tiempos mejores.
La trilogía, que completan Un Millón de Euros y Día de los Muertos, fue tocada en perfecto orden cronológico. Aun así, hubo espacio para algunas sorpresas, como fue el debut en vivo de “Noches Buenas”, que increíblemente nunca había sido tocada, a pesar de que Navidad de Reserva es el segundo lanzamiento del grupo. La epopeya de tocar los tres discos seguidos sirvió para mostrarle al público que conoció a Él Mató con La Síntesis O’Konor cómo sonaban en sus inicios. Esos seguidores se encendían con los clásicos, como “Chica Rutera” y “Mi Próximo Movimiento”, y prestaban atención cuando se ponían ruidosos en canciones como “El Árbol de Fuego” y “Noche de los Muertos”, la más larga de todo su repertorio, aunque anoche sonó en una versión reducida, perfectamente enganchada a “Lenguas de Fuego en el Cielo”, el track que cierra Un Millón de Euros.
Para los bises, la banda hizo una selección de temas del resto de su discografía diseñada para satisfacer a fans de todas las épocas. Después de dos horas de show, a pesar del cansancio, hicieron una concesión y cerraron a pedido del público con “Guitarra Comunista”. En el escenario se veía que la banda la estaba pasando bien, riéndose e intercambiando miradas cómplices. Les llevó más de veinte años alcanzar la masividad. En el camino, sofisticaron su sonido, sumaron teclado y percusión, y aquel noise primigenio que llamó la atención al principio devino en un sonido más cristalino. Sin embargo, la esencia de Él Mató a un Policía Motorizado está en esta trilogía que, junto con su primer álbum, inauguró una nueva vertiente del rock nacional y recuperó el histórico rol de La Plata como usina de bandas fundamentales. Lo de anoche fue más que una fiesta prometida: fue una victoria absoluta del indie platense.