Entre las sierras cordobesas, un gigante que se despierta durante un fin de semana de verano para gritarle al mundo cómo se siente el rock en la Argentina
✎ Cecy Díaz
“Para quienes no me conocen… somos Ciro y los persas”, bromeó Dillom mientras, desde la otra punta del predio, estaba tocando el verdadero Ciro con Ricardo Mollo de invitado en uno de sus temas.
Joaquín Levinton entró en camilla y un edit con titulares de noticiero anunciando que había sufrido un infarto y debió ser internado. Marilina le metió oscuridad y profundidad a un look que recreaba a la típica reina de la belleza.
No importa mucho si, en realidad, ella es de otra provincia: Lula Bertoldi juega de local en Cosquín Rock porque Eruca Sativa (banda que formó con Brenda Martin y Gabriel Pedernera) nació en Córdoba Capital y ella fue quien, micrófono en mano, definió de la mejor manera al festival: “Es estar unidos, estar juntos. Y los géneros, también. Cosquín, emblema del folklore. Cosquín, emblema del rock”.
¿Y qué hubo, finalmente, en el escenario sorpresa? Vimos a un Ale Kurz como director artístico de una banda armada especialmente para la ocasión y que se dedicó a tocar el cancionero más popular de todos: sonaron temas de Callejeros, SUMO y Calamaro. Letras que conocemos todos y que hizo cantar a los gritos a miles de personas reunidas como en un fogón de película. La idea fue un hit y no sólo porque eran todos hits sino porque, incluso, el país atraviesa un momento en el cual la generación Z está escuchando a próceres del rock argentino (en plataformas como Spotify pero también en recitales) y hay un gran público adulto que alimenta shows tributos a todo tipo de artistas. La nostalgia es vanguardia y por eso la propuesta fue abrazada por toda persona que se topaba con el show mientras caminaba de escenario a escenario.
Arrolladora, Lali. Impecables, Babasonicos. Infaltables, Ciro y Los Persas. Argentinos aunque no sean argentinos, La Vela Puerca y Cuarteto de Nos. Contundente, Franz Ferdinand. Es difícil resumir la emoción que se vivió desde el campo de Cosquín Rock porque vimos a unas cien mil personas siendo felices durante una jornada de 12 horas de música en vivo ininterrumpida. ¿Qué es lo que más importa en un festival? Posiblemente sea eso: la energía inexplicable que genera en el cuerpo y que se multiplica al infinito si sumamos las individualidades. Las sierras palpitaron rock. Y aún queda un día más.