Tras reprogramar su show del 28 de febrero al 1 de abril (por una fractura de tobillo), Juana Molina deslumbró en Ciudad Cultural Konex
✎ Sofi Dalponte Roibás
¿Qué es la suavidad si no una textura amable para el gusto, el tacto o el oído? La voz de Juana Molina puede cantar onomatopeyas, frases con o sin sentido o ser usada como un instrumento más pero algo es seguro: cuando se presente en vivo va a ser una caricia al oído. Y va a contrastar con los sonidos metálicos de su nuevo disco Doga, con las múltiples capas que crea en vivo y con su propia guitarra.
“Hoy no se suspende por lluvia porque el rock es así”, ironizó Juana en sus historias de Instagram. El cielo estaba negro a las 15 horas en la Ciudad de Buenos Aires y para las 18 horas ya estaba despejado, aún así el show se hizo en la Sala de las Columnas de Ciudad Cultural Konex, techado, cerrado. Un desacierto probablemente guiado por una alerta amarilla del Sistema Meteorológico Nacional. Los ventiladores hacían un sonido constante que molestaba a la artista y no la dejaba escuchar bien. El calor de la noche combinado con el encierro del lugar agregaron un factor imprevisible dentro de todos los que estaban en la lista, si es que se pueden anotar con antelación.
Aunque suene contradictorio, el público ya sabe que va a ver a una artista que siempre está en los márgenes, que no pertenece, que es fuera de lo común, en fin, rara, y a la vez es consciente de que no va a encontrarse con algo predecible y que hay espacio para la improvisación. Lo previsible de lo imprevisible.
Desde el lanzamiento de su último disco Doga en 2025, estas nuevas presentaciones en vivo nos muestran a una Juana no con micrófono de pie, sino con uno tipo vincha, que le permite tener las manos libres para dedicarse enteramente a su loopera, teclado, guitarra y al baile, junto a Diego López de Arcaute en batería. Una puesta minimalista que no se condice con la cantidad de sonidos y ritmos con los que trabajan porque, si hay algo que saben hacer, es generar la sensación de que se está frente a múltiples músicos tocando cada uno en su mundo y no, son solo dos humanos. El resto es producto de la creatividad por las capas y capas que se expanden, se multiplican, vuelven a cero y sacan la mejor reacción de público en constante movimiento.
Sin lo corporal no se entiende un recital de Juana Molina. Ante la casi ausencia de letras, lo que queda es entregarse a su idioma (ese de puro balbuceo y sílabas sueltas) y bailar. Aunque en algunos temas haya patrones rítmicos difíciles de seguir, de alguna manera el cuerpo encuentra su forma de atestiguar tanto disfrute en todas las canciones que desafían la fórmula básica de canción de tres minutos, fácilmente reconocible y con estribillo pegadizo. Nada de eso. Cada canción provoca una entrada a un trance, un universo entero de melodías y sonidos comparables a ninguna otra música.
Juana Molina dice no saber nada de subgéneros, de términos que encasillan a la música e incluso no detecta muchas de las cosas que hace o repite en sus canciones ni quiere detectarlas. Todo es resultado de un perfecto caos improvisado, casualidades azarosas que desembocan en lo que termina siendo toda su obra. Obra que es cada vez más festejada y bien recibida tanto por su público como por la crítica. Encontramos a una Juana más suelta en el escenario, más cómoda quizás, y con la capacidad intacta de impresionar a su público.
Desde una niña de no más de trece años hasta una pareja bordeando los sesenta, todos, además, celebraron mayormente los momentos en que Juana agarró su guitarra y jugó a hacer solos o riffs. Otro momento similar fue cuando tocó repetidamente el platillo de la batería mientras ésta tomaba más protagonismo. La Rara, esa que es impredecible, que no entra en parámetros definibles y que improvisa siempre —en la eterna búsqueda de sonidos poco comunes— tocó como canción final Miro Todo. Fue la más rockera y el público, ese que eligió específicamente qué ponerse para estar a tono con lo inusual de la noche, bancó. Dio la sensación de que Juana puede entrar en una zona de confort, ir a lo seguro, hacer un disco de rock, escribir canciones con sujeto y predicado y le saldría muy bien. Ojalá no lo haga.