La Delio Valdez en el Movistar Arena

Calor. Cumbia. Conciencia de Clase. Las tres C que caracterizan a La Delio Valdez, a pleno en una de las mejores salas de Buenos Aires

✎ Gonzalo Penas y Pablo Díaz Marenghi

La temperatura y la humedad bien podrían ser las de las calles de Bogotá o Medellín. Puertas abiertas, el sonido latoso de algún parlante a través del cual suena un vallenato y dos jóvenes se entrelazan en un baile meloso y callejero mientras cortan la sed con un trago de aguardiente. Pero no. El barrio es Villa Crespo, el país es Argentina pero la música que está sonando al interior de un Movistar Arena repleto es la de una cumbia colombiana tras otra en la previa del primer recital de La Delio Valdez. 

El campo y las plateas se fueron llenando de gente como si llegara a una terraza, luego reflejada en la pantalla gigante detrás del escenario, en una escena digna de veranos largos y bien musicalizados, entre los edificios de algún barrio y el cielo abierto. “Sonaja y tambor” de Los Llamadores de Cartagena, “Aquí la tienes” de Koli Arce y su Quinteto Imperial, “Negra caderona” de Aniceto Molina, “Cómo te voy a olvidar” de Los Ángeles Azules, son solo algunos ejemplos de los himnos cumbieros que iban sucediéndose mientras el público ya estaba de fiesta y aún no había empezado la banda.

Y cuando llegó la orquesta, esa terraza fue pura cumbia en vivo y de la buena. Organizados como una cooperativa, la Delio Valdez se ha consolidado como una verdadera orquesta de cumbia sofisticada sin ser un gesto snob, un grupo de personas con conciencia de clase y preocupados por la melodía, la armonía y el ritmo. Arquitectos de la mejor cumbia que suena en el país, que hace mover hasta a los más tímidos. Allí estaban prestos a salir al escenario en aquel jueves donde ya se palpitaba el fin de año y los corazones estaban ansiosos por cantar los temas de El Desvelo, su más reciente álbum.

Ivonne Guzmán, quien ya se ganó el derecho por prepotencia de trabajo de dejar de ser mencionada como la ex cantante de una banda pop, una de las voces más magnéticas de la escena latina, con su presencia engalanó a los allí presentes, en dupla nada menos que con La Sole (“Que nadie sepa mi sufrir”) y Abel Pintos (“Pedazo de papel” y “Paisaje”). Se merecían una presentación como esa. A todo trapo. Sonido, puesta de luces y visuales impecables. Nuevas canciones como “Negro querido”, “Entre vos y yo” y “Farsantes”, todas de su flamante álbum, se mezclaban con las más clásicas como “Negro, ron y vela” y “La cancioncita”. Mientras la terraza, de a poco, iba virando de la noche al amanecer. 

Lejos de terminarse la fiesta, Yeison Landero y su acordeón fueron otro punto fuerte de la velada. El artista colombiano desplegó una catarata de jeites rítmicos que hicieron delirar al público con “El campanero” y que desesperaron a más de uno cuando se quiso dar cuenta de que ya se había terminado la venta de alcohol. Porque la sed etílica se multiplicaba ante cada pulso de sus dedos sobre las teclas. 

Mareas de pies y manos danzantes. Volutas de humo clandestino entrelazadas con el canto “Y ya lo ve, el que no salta, votó a Milei” que sonó luego de “El rey”, que tuvo de fondo la proyección de una serie de imágenes de los reclamos de estos últimos tiempos de los médicos del Garrahan, los jubilados y el movimiento universitario. Postales de una argentina en crisis constante que, más allá de la invitación al jolgorio, la banda se toma el tiempo de visibilizar. Un gesto para nada menor.

El final, después de más de dos horas de show y con el amanecer en la terraza de la pantalla, fue con clásicos como “Inocente”, “Por dios que no” y “Borracho y amanecido”, luego del outro característico donde el público celebra a viva voz a la Delio Valdez, grito que se siguió escuchando por las calles de Villa Crespo, en el apuro por subir al último tren, entrando a la medianoche al borde del desvelo.  

Tambien te va a interesar:

Publicado el 28 enero, 2026

Publicado el 27 enero, 2026