El primer día de Lollapalooza fue una inyección del pop que entusiasma a todas las generaciones
✎ Cecy Díaz
No eran ni las 2pm. El bombo de la batería montada en el escenario Perry’s (sí, ese que fue bautizado con el nombre de quien creó el festival) marca el ritmo. Es como un latido y funciona como despertar de la bestia pop que se adueña del Hipódromo de San Isidro cada marzo.
Una chica saca su cámara digital vintage para inmortalizar ese primer show de la edición 2026 de Lollapalooza. Es Jero Jones, un joven que está acompañado por sus amigos y amigas tanto arriba como abajo del escenario. Suena a fiesta. No sabemos si es muy temprano para una disco o muy tarde para un after. Pero todo se enciende.
En coincidencia con mucho outfit inspirado en Pinterest, gran parte de la grilla de viernes tiene una vibra indie pop mezclada con bastante autotune, letras introspectivas y coreografías de videoclip.
Tiger Mood, Judeline, DJO convocan en el escenario Flow, el que lleva nombre de la empresa que transmite el evento por tevé para quienes no pudieron ir para saltar y cantar toda la tarde. Luego, al caer el sol llegan Turnstile y el artista principal de la primera jornada: Tyler the creator.
En el Samsung la multitud deja su garganta cantando temas de Lorde y Peggy Gou. Mientras que en Alternative nos convocan Katseye, Danny Ocean y Turf.
El escenario Perry’s es uno de los que más cambió en esta edición: ahora todo parece una experiencia envolvente y Zell, con su disco recién estrenado, parece ser la propuesta más interesante.
¿Qué onda en el Kidzapalooza? Piñón Fijo mete un poco de cuarteto y su público, el más peque de todo el predio, claro, entiende que la música en vivo es más divertida que los videos en YouTube.