Formas de habitar la música

Lollapalooza Argentina tiene un lineup que va más allá del pop: también incluye propuestas que completan un mapa musical rico y diverso

✎ Carlos Noro

Lollapalooza Argentina vuelve a levantar su ciudad efímera como un territorio donde conviven mundos que, en apariencia, no tendrían por qué cruzarse. Pop masivo, electrónica, rock, rap y escenas alternativas se encuentran y se contaminan, y en ese diálogo, la presencia de Deftones, Turnstile y Cypress Hill no funciona solo como atractivo de cartel, sino como una clave de lectura del presente musical: tres proyectos que, desde lugares muy distintos, hablan de una cultura musical en transformación constante, donde el consumo rápido coexiste con experiencias profundas y donde el vivo sigue siendo un espacio de construcción simbólica.

Deftones: la intensidad como refugio emocional

Deftones llega al festival en una etapa donde la banda ya no discute su lugar en la historia del rock pesado, sino que se permite trabajar con una libertad creativa casi total. Lejos de la urgencia por sonar actuales, el grupo profundiza una estética basada en climas densos, contrastes extremos y una emocionalidad ambigua que oscila entre la fragilidad y la violencia. Esa ambigüedad es, justamente, uno de los rasgos más contemporáneos de su propuesta: la música como espacio donde conviven ansiedad, deseo, introspección y catarsis, sin necesidad de explicaciones explícitas.

En los últimos años, Deftones reforzó su costado más atmosférico, con arreglos que priorizan capas de guitarras, bases rítmicas pesadas pero contenidas y un uso de la voz que funciona más como textura que como simple vehículo narrativo. Hay en su sonido una búsqueda casi táctil, física, que convierte cada tema en una experiencia sensorial antes que en una estructura tradicional de verso y estribillo. Esto explica por qué su música sigue dialogando tanto con escenas metaleras como con públicos vinculados al shoegaze, al post-rock o incluso al indie alternativo más oscuro.

En un festival dominado por la lógica del impacto inmediato, Deftones propone algo casi subversivo: una escucha que se construye en capas, que se despliega con el paso de los minutos y que apuesta por la intensidad sostenida más que por el golpe instantáneo. Su show suele funcionar como una especie de burbuja emocional dentro del vértigo general del predio, un espacio donde el tiempo parece desacelerarse, aunque el volumen siga siendo brutal.

Último disco: Private Music (2025). El álbum profundiza la veta atmosférica sin perder músculo, con una producción que privilegia la espacialidad del sonido y una narrativa más introspectiva que en trabajos anteriores. No es un disco de singles, sino de climas, pensado para escucharse como un bloque continuo, donde cada tema parece dialogar con el anterior. Funciona como síntesis de todas sus etapas, pero con una sensibilidad claramente contemporánea.

Turnstile: cuando el pogo se vuelve celebración colectiva

Turnstile representa uno de los fenómenos más interesantes del rock alternativo reciente: una banda que parte del hardcore más crudo y logra proyectarse hacia escenarios masivos sin diluir su identidad. La clave de esa expansión no está en suavizar la energía, sino en reconfigurarla, incorporando melodía, groove y una sensibilidad casi pop en la construcción de climas festivos, sin perder la urgencia ni el espíritu comunitario del punk.

En sus presentaciones en vivo, Turnstile trabaja con una lógica casi ritual: la música no se escucha, se vive con el cuerpo. El pogo, los saltos, el contacto físico y la circulación constante de energía entre escenario y público forman parte del espectáculo tanto como las canciones. En ese sentido, su propuesta recupera una dimensión primaria del rock: el recital como experiencia colectiva, como descarga emocional compartida que rompe con la pasividad del consumo digital.

Estéticamente, la banda también refleja una apertura generacional. Su imagen, sus videoclips y su puesta en escena dialogan con lenguajes visuales contemporáneos, lo que permite que su mensaje circule tanto en circuitos alternativos como en plataformas masivas. No hay nostalgia en su propuesta: el hardcore aparece como lenguaje vivo, capaz de adaptarse y mutar sin perder filo.

Dentro de Lollapalooza, Turnstile funciona como punto de quiebre energético, como momento donde la música deja de ser fondo y se vuelve protagonista física. En medio de un festival atravesado por pantallas, coreografías y producciones monumentales, su show devuelve algo directo, casi salvaje, pero atravesado por una alegría contagiosa.

Último disco: Never Enough (2025). Es el trabajo más ambicioso de la banda, donde el hardcore se mezcla con rock alternativo, pasajes casi psicodélicos y una producción expansiva que multiplica los climas. El disco conserva la intensidad, pero suma profundidad emocional y una paleta sonora más amplia, marcando una evolución clara sin ruptura con el espíritu original del grupo.

Cypress Hill: la historia del hip-hop como identidad viva

Cypress Hill ocupa un lugar singular dentro del festival: no representa la novedad, sino la persistencia de una identidad cultural que atravesó décadas sin perder relevancia simbólica. Más que una banda, hoy funciona como un emblema del hip-hop entendido como cultura integral, donde música, estética, discurso social y pertenencia barrial forman parte de un mismo entramado.

En su etapa actual, el grupo trabaja desde la relectura y la resignificación. Los proyectos recientes, incluidos shows especiales y formatos orquestales, muestran una voluntad clara de revisar su propio catálogo desde nuevas perspectivas, transformando canciones clásicas en piezas escénicas con otra dimensión emocional y sonora. Esta estrategia no busca competir con las tendencias actuales del rap, sino ocupar un lugar distinto: el de quienes aportan historia, peso simbólico y continuidad cultural.

Cypress Hill también encarna una forma de entender el rap como vehículo de identidad colectiva. Incluso en contextos festivos, su música sigue cargada de referencias sociales, de una mirada sobre la marginalidad, la resistencia y la cultura urbana como espacio de pertenencia. Esa dimensión política, aunque no siempre explícita, sigue siendo parte de su ADN artístico.

En Lollapalooza, su presencia refuerza la idea de que el hip-hop no es un género invitado, sino una de las columnas vertebrales de la música popular contemporánea. Y lo hace desde un lugar que conecta generaciones, permitiendo que públicos muy distintos compartan un mismo repertorio cargado de historia.

Último disco: Back in Black (2022). Producido por Black Milk, el álbum combina el pulso clásico del grupo con una producción moderna y colaboraciones que actualizan su sonido sin borrar su identidad. Es un disco de afirmación, que no intenta reinventar la rueda, pero sí demostrar que el proyecto sigue activo, vigente y con cosas para decir desde su propio lenguaje.

Un festival, múltiples formas de sentir

La convivencia de Deftones, Turnstile y Cypress Hill en una misma edición de Lollapalooza no responde solo a una lógica de diversidad musical, sino a una forma de pensar el festival como espacio donde se cruzan distintas maneras de habitar la música. Deftones propone introspección y densidad emocional; Turnstile ofrece descarga física y celebración colectiva; Cypress Hill conecta con la memoria cultural y la identidad urbana. Tres lenguajes distintos, atravesados por una misma necesidad: que la música siga siendo experiencia y no solo contenido.

En ese cruce, el festival se convierte en un territorio donde la tradición convive con la renovación, donde distintas generaciones comparten espacio y donde cada persona construye su propio recorrido emocional entre escenarios. Más que un simple desfile de artistas, Lollapalooza Argentina 2026 se presenta así como un mosaico de sensibilidades que refleja, con bastante precisión, la complejidad del mapa musical contemporáneo.

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Publicado el 28 enero, 2026

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