Maria ya no es la misma

Fue la primera argentina en tener su propio River y, después de un gran recorrido, no podemos seguir hablando de ella como lo hacíamos antes

✎ Cecy Díaz

Una traición amorosa delante de todos los flashes. La ruptura con su grupo de amigos, por quienes hasta llegó a tatuarse. Eso sumado a historias previas, que -entre chistes- les contaba a sus “locuritas” en sus tiempos de youtuber. Ella pasó por momentos de mucho dolor y su fandom siempre estuvo para abrazarla. Pero, claro, durante estos últimos dos años, debió atravesar los momentos más duros de su vida y, sin metáforas sino recurriendo a literalidades, su novio la salvó de morir. En ese momento, su público la abrazó bien fuerte. Obvio.

Con sus 25 años y sus casi 1,60 metros de altura, Maria Becerra es gigante y pequeña, fuerte y delicada. Maria es fuego, agua, tierra y aire. Es Jojo, Maite, Gladys y Shanina. Y, sobre todas las cosas, es agradecida con su gente y por eso este viernes y sábado le devolvió el abrazo a su público de la manera que mejor le sale: con canciones y un espectáculo nunca antes visto en Buenos Aires. Porque un escenario 360 en el centro del estadio River Plate es eso: la posibilidad de abrazar a cada una de las personas que se congregaron allí, cual guitarreada alrededor de un fogón.

En varias entrevistas, Maria contó que aceptar y celebrar a cada una de esas “marías” que viven dentro suyo fue clave para el duelo que debió atravesar cuando perdió sus embarazos y luchó por su vida. Entendió que no era ni la chica otaku que inventaba historias en su cabeza y se obsesionaba con cosas y personas, ni esa femme fatal a quien nadie le diría que no, ni siquiera era esa mujer aplicada y dedicada a su trabajo y obligaciones que se esforzaba por llegar a la perfección; incluso ni siquiera era esa piba de Conurbano con calle que está orgullosa de su núcleo y la cumbia que la hace feliz. Maria se dio cuenta de que era una fusión de todo eso y, a partir de ahí, construyó “Quimera”, un disco con el que abre su corazón e inaugura una nueva etapa porque, si hay algo que necesitamos entender, es que ya no podemos referirnos a Maria Becerra como lo hacíamos hasta ahora.

El abrazo que recibió, decíamos, se lo devolvió a quienes la aman de verdad: su público, a quien le agradeció por acompañarla; a su familia, que bailó cumbia arriba del escenario; a sus amistades como Londra, Tiago o Tini; y, por supuesto, al amor de su vida, ese pibe de Morón con quien parece haber firmado un contrato eterno: J REI.

Lo que pasó en River fue impactante: un escenario latiendo en el medio de la cancha, cual corazón; las luces y los efectos de sonido sumergiéndonos en un mundo de fantasía que potencian las ganas de cantar a los gritos, saltar, bailar e inyectan esa adrenalina que sólo se siente cuando la música es protagonista.

Acompañada por un grupo de una banda de músicos (que de a ratos parecía una orquesta por la cantidad de instrumentos), sus infaltables dancers, un par de inflables que entraron en momentos perfectos, un piso con pantallas led que fue usado creativa y quirúrgicamente, y hasta artistas como Ariel Pucheta (Ráfaga) o Pampita, que hicieron de puente generacional entre sus congéneres y las familias enteras que la van a ver…. nada de lo que hizo Maria fue al azar y se lució.

Es posible que esta parte de la historia argentina, desde lo estrictamente musical -aclaro-, sea recordada como el momento con mayor cantidad de solistas pop que se consolidaron como referentes absolutos y líderes de la industria. Porque hubo un momento en el que las bandas de rock barrial estuvieron al frente (y por eso no sólo el regreso de Los Piojos fue un furor sino que ahora hay gran expectativa por los shows de Pity); y también hubo tiempos (más antiguos) en los que bandas de rock-pop lograban una internacionalización sólida (como Soda Stereo, por ejemplo). Pero lo que estamos viviendo ahora es un momento en el que veinteañeros/as gobiernan no sólo los charts nacionales sino que se ganaron un lugar en el mundo. Globalización mediante, el reinado de las redes sociales y una pandemia que nos obligó a buscar algo que nos haga sentir felices mediante la fantasía quizás expliquen una parte de este fenómeno de chicos y chicas que, buscando su identidad y creciendo como todo adolescente, encontraron sus referentes en un pop brillante y atrevido.

Hay mucho proyecto solista que fusiona el sonido más clásica del pop con el hiphop norteamericano y sonidos latinos de raíz (como la cumbia, salsa, reguetón y dembow). Pero hay una artista que es la definitiva en ese arte casi alquimista de la mixtura y su nombre es Maria Becerra.

Cada canción que presenta “la nena de Argentina” es un hit. Y, de hecho, la primera impresión que tuve cuando escuché Quimera por primera vez es que se trataba de una playlists exquisitamente curada pero una playlists de singles, de cortes que se sostienen por sí mismos y no necesitan de otras canciones para hacerse fuertes. Quizás esa perfección que persigue su alterego Maite le permite darse ese lujo.

La creatividad y falta de límites que puede desarrollar su alterego Shanina es responsable de esa grandilocuencia de un escenario y puesta como la que armó en el Monumental. De eso no hay dudas. Como tampoco hay siquiera un mínimo cuestionamiento de que la explosión llegan de la mano de Gladys y JOJO. Obvio.

Si lo pensamos desde su setlist, el espectáculo en River -que contó con producción y difusión de DF- tuvo cinco bloques de canciones contundentes en los que no sólo brillaron cada uno de sus cuatro elementos esenciales sino también guardaron un momento para que ella se mostrara tal cual es, como resultado de esa fusión de diferentes marías.

Si lo pensamos como una etapa de su vida y carrera artística tenemos que decir que es un gran momento para despedir a una Maria que sigue siendo presentada como esa chiquita de Quilmes con un sueño, esos videos tiernos de ella jugando a ser lo que finalmente terminó siendo: una popstar.

Lo que vimos en estos dos shows de River es que Maria Becerra creció (como compositora, cantante, performer pero también como persona) y merece que a partir de ahora la presentemos como lo que es: una mujer fuerte que puede hablarle de igual a igual a cualquier estrella porque tiene con qué, porque ya es una de ellas.

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Publicado el 28 enero, 2026

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