Oasis y 16 recuerdos (y un “ya nunca será lo mismo”)
✎ Pablo Díaz Marenghi
I
A eso de las 17, mientras estaba ingresando al Campo General 1 del glorioso Estadio Monumental, me agarró la cara. Me cubro el rostro con las manos como Montiel luego de aquel penal. En ese instante me cae la ficha. Dieciséis años había tenido que esperar para poder ver a una banda que no sabía que era tan significativa para mí hasta que sonaron los primeros acordes de “Fucking in the bushes” y todo explotó por los aires.
II
Año 2004. Tenía 13. Con mis viejos (soy hijo único) solíamos ir mucho al cine en aquella época. En general íbamos con la película ya elegida pero algunas veces hacíamos esa locura que hoy ya no hago salvo en algún BAFICI: elegir ver una película de la cual se ignora casi por completo todo. Así terminamos viendo El efecto mariposa, que luego se convertiría en una película un poco de culto dosmilera. Al final me cautivó una canción desgarradora, melancólica y bien rockera. Yo sin saber demasiado de música por aquellos años. El tema era “Stop Crying Your Heart Out” de Oasis.
III
“Hello”. El primer tema. El pogo me arrastró. Me hizo acordar un poco a las veces que había visto al Indio. El famoso tsunami, el océano de gente. O aquel recital de Strokes en 2011 (dónde también vimos al querido Liam con Beady Eye) en dónde al primer tema me perdí con todo el contingente que había ido conmigo y una piba terminó perdiendo una zapatilla y en la enfermería. Vuelvo a “Hello”. La sensación tan esperada. Dije: “Ya está. Si me muero acá, me muero feliz”. Luego vino otra seguidilla aplastante de hits pero ya lo peor había pasado. Agarré el cambio de aire como los futbolistas y estaba como para poguear tres horas más (miento, pero me sentía joya). El show recién había empezado.
IV
El año sería 2002 o 2003. Y los números dan porque la canción es de Heathen Chemistry (2002). En aquel momento yo tenía 11/12 años y vivía mis primeras fiestas en casas. Nosostros le llamábamos “bailes”. Mi viejo me contaba que en su época le decían “asaltos”. Recuerdo el momento de los “lentos”. Nosotros, pibitos que ya estábamos descubriendo internet y los reproductores mp3, entrecruzados de hormonas, nos intentábamos pegar a la chica que nos gustaba. Recuerdo un tema que bailabamos lento que se me enquisto hasta no podérmelo sacar más de la cabeza. El tema era “Little by Little”. Escucharlo en vivo fue la agonía y el éxtasis.
V
Pánico y locura en River Plate. Me pierdo con mis amigos. Estamos en pleno pogo de “Cigarettes and alcohol”. De pronto nos vamos reencontrando, de a poco, festejamos, nos abrazamos, reímos.
VI
Tomás Piazza se llamaba (creo que se sigue llamando y si algún día lee esto le mando un gran saludo) mi compañero de secundaria que era el fanático número 1 de Oasis que yo conocí en aquella época. El único de todo el grupo que compraba los CDs, los iba a ver en vivo, no paraba de hablar de ellos. Tenía una banda de rock y le copiaba TODO a Liam. Desde las camperas pasando por los cortes de pelo, la pandereta y la forma inclinada de cantar. Era TANTA su adhesión a la banda que a mí me había generado el efecto contrario. Me cansó. Creo que un poco por eso no viví tan de lleno esa época. Pero todo pasa por algo. Unos años después le entré de lleno a la discografía y todo fue de maravillas. Tomás Piazza: vive para siempre.
VII
La guitarra de Noel Gallagher es como la Strato roja del “Pibe de los astilleros”: hizo un torbellino que hoy suena en las radios de todo el mundo. Era increíble verlo a pocos metros, con la expresión del rostro casi a punto de quebrarse, sin pifiar ni una sola nota, demostrando por qué es el guitar hero de su generación.
VIII
Todas las personas con ropa Adidas que se bajaron del Tren Belgrano Norte iban a ver a Oasis. Confirmado.
IX
Vasitos de agua. Chiquitos. Cómo shots de tequila pero aptos para todo público que iban avanzando desde la valla hacia atrás. Como en una procesión a la inversa. Vasitos de agua circulando de mano en mano de diferentes tamaños. Algunas más toscas otras más precisas. Todas preocupadas por la hidratación del compañero. Una de las tantas imágenes que no olvidaré.
X
¿Se puede analizar conceptual y objetivamente lo que acabamos de vivir? Una banda con un sonido demencial, dos frontmans increíbles, tres violas demenciales (Bonehead, SOS eterno) y una lista que es una aplanadora de hits. Oasis demostró su vigencia y superó las expectativas. ¿Se le puede pedir algo más a una banda de rock?
XI
En estos años que pasaron, dieciséis desde aquel último show en River, hablamos mucho con mis amigos de aquellos momentos. Por una cosa y otra yo no había podido verlos. Durante mucho tiempo la creía imposible la vuelta. Y finalmente el día había llegado. Después nos queda un vacío pero, a la vez, la satisfacción eterna de haber estado allí. Y dicen los que saben, los que estuvieron en todos los anteriores, que estos fueron los mejores.
XII
Richard Ashcroft con la remera de la Selección Argentina con la 10 de Mario Alberto Kempes.
XIII
Cuando salimos del estadio todavía quedaban los típicos vendedores de remeras. Una nos llamó la atención en particular. Tenía impreso lo siguiente, palabras textuales: WANDERWALL.
XIV
Terminó el show. Pirotecnia. Fuegos artificiales. Champagne supernova. Miro hacia arriba y saco algunas fotos con el celular. Cuando de repente siento un golpe en la mejilla derecha. Pac. Un golpe seco. Cómo si me hubieran pegado un piedrazo. Fue un vaso, pensé primero. Pero luego me dijeron que a más personas les había pegado. Sería como una especie de vaina de la misma pirotecnia. Me salió un pequeño chichón. Me pegó a centímetros del ojo. Zafé por pocos centímetros. Me acordé de un texto de Caparrós en dónde contaba que estaba en el Central Park una vez cuando una rama de tres metros de largo cayó a centímetros suyo. Eso lo invitó a reflexionar sobre la muerte y el azar de la existencia. “Aquella tarde, en breve, supe que el mundo vive equivocado —y que, peor, no podría vivir de otra manera”.
XV
Volviendo a casa de noche. Avanzo por las calles de San Miguel y paso por Bella Vista. Acá nomás, a metros, estuvo Noel de plomo de los Inspiral Carpets, la banda con la que estuvo en el país en los noventa antes de Oasis. ¿De allí su fanatismo con el país? Lo pensaba y sonreía.
XVI
¿Y ahora? No sabemos. Como en general nos pasa. Sin embargo ahí estamos, avanzando, intentando vivir para siempre. Porque algún día volveremos a decir: Hola, estoy bien por estar de nuevo acá. Y nunca será lo mismo.
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