Paula Maffia presentó, por primera y única vez, “República Afectiva” en Niceto Club
✎ Sofi Dalponte Roibás
ph. Nadia Guzmán
En 1985, un joven de 17 años prende y pone al máximo todos los interruptores que definen la potencia y decibeles de los parlantes que lo rodean, principalmente de uno, gigante, más alto y muchísimo más ancho que él. Entusiasmado y expectante enchufa su guitarra eléctrica y toca un acorde. El resultado es una onda acústica tan potente que hace volar por los aires a Marty McFly.
Quién diría que Robert Zemeckis, al dirigir la primera escena de lo que sería Volver al Futuro, desde suelo estadounidense, describiría perfecto un recital de Paula Maffia en el centro de Palermo, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Bien al sur.
Siete años después de su último disco, Paula siente que está defendiendo una tesis. Tiene sentido. Ambos proyectos llevan años. Años de investigación, de repensar, de escribir, de preguntar y preguntarse, de estar íntimamente enfrentada a su obra y dejar que se cocine a fuego lento, a su ritmo. Primero en soledad y luego en el encuentro con colegas. Hasta que un día sale a la luz después de ese proceso tan intrincado, individual y colectivo a la vez, y lo tira por la cabeza. Lo publica un 14 de abril y poco más de un mes ya lo está tocando en vivo, presentándolo, defendiéndolo. Como una tesis.
Y es que ella es un poco así: la poeta que acaricia cada palabra, las elige cuidadosamente y combina con armonías trabajadas, pero con una energía abrasadora que atropella y que te puede llevar puesto.
Aunque no siente un posible reproche, se adelanta y pide perdón, casi tímida, porque dio poco tiempo al público para que se aprendiera las letras, para que hiciera suyo el disco. Así y todo, “República Afectiva” es celebrado. Porque un disco que empieza afirmando: “no pienso disculparme por lo que pensé” entre guitarras eléctricas, es inevitablemente valorado. Se agradece la valentía cuando la norma es el silencio o pedir perdón por si alguien se sintió ofendido, por si lo cancelan o simplemente por si le dedican un twit manifestando desacuerdo.
Dieciséis fueron los músicos que pasaron por el escenario durante el recital. Además de la batería, bajo y guitarras, Paula dejó que brillaran violines, saxos, trompeta, teclas y hasta un vibráfono, no solo para compartir las capas y costados que alcanzó con su último disco, sino también como muestra de la gran red que construye gracias a la música. Gente que prestó su tiempo y energía a contribuir con el comprometido recital que dio. “Una familia”, en palabras de la artista. “Lo artesanal es amor”, en palabras de las chicas de Me Destrushe —las teloneras— cuando terminaron su show previo al de Paula. No es solo una frase romántica, es una forma de hacer, de ser en la vida y en el arte.
Aunque el público no supiera de pe a pá las letras del nuevo disco, se pudo intuir que las harán propias, como las de los anteriores discos. El costado poético es una constante que las caracteriza. El deseo y el erotismo de maneras no obvias, con una vuelta de rosca que solo el tiempo puede dar, la rabia inevitablemente presente por un mundo desencajado, la ilusión y ternura que siempre está, a pesar de todo, presente.
Hace poco me encontré con un párrafo de un libro que combinaba las palabras “convicción y entusiasmo”. ¿”Convicción” y “entusiasmo” en una misma oración? ¿Hoy?
Hoy, esas palabras resumen perfecto un recital de Paula Maffía. El empeño que hubo en la creación del disco casi se pudo palpar en su presentación. No a fuerza de puro individualismo, sino con la sensibilidad, el coraje y apoyo de distintas personas como motor.
Artesanal.
Lucy Patané y Nahuel Briones la acompañaron en canciones de “República Afectiva” pero más protagonismo tomaron cuando tocaron temas pertenecientes al disco anterior, “Polvo”, por haber estado junto a Paula al momento de grabarlo. Un trío que multiplicó la potencia de cada instrumento y creó uno de los puntos más cúlmines al tocar la canción homónima del disco. Dos bajos, una guitarra, batería y la topadora se puso en marcha.
Cuando todos los músicos se fueron, ella quedó. Sola, con su cuatro venezolano, chiquito, muy parecido al ukelele, cantando “Corazón Licántropo”, en respuesta a la típica demanda (que no siempre suena, aunque todos los artistas tienen un bises escrito) del público extasiado de tanto atropello pero pidiendo otra canción.
Después de unas cuantas veces en las que Paula agradeció por pagar la entrada, hacerse un hueco y dedicar tiempo un miércoles a la noche en pleno Palermo, es inevitable pensar en qué artistas son los que uno prefiere escuchar hoy en día. Pensar en los artistas con más escuchas de la época, en si efectivamente es posible seguir pensando en “artistas que reflejan la época” o simplemente hoy es todo mucho más heterogéneo y hay nichos para todo, como también hay múltiples artistas que venden su buena cantidad de tickets y tienen sus fieles seguidores. Si así fuera, ¿qué están diciendo nuestros artistas? ¿Qué deciden defender y contar hoy? ¿Cuál es su tesis?