La cara de Gabriel Jesús

La Red Bull Batalla llegó a su edición número 20 y tuvo a Larrix como el nuevo campeón.

 Facundo Arroyo

Todavía me estaba acomodando entre las rejas del primer piso del Complejo Art Media y uno ya le había dicho al otro Gabriel Jesús porque tenía la carita triste. Espectacular. Acá está la palabra y la picardía, como en la cultura de antaño en el país, protagonista de este palo del hip hop que hizo pie firme en Argentina de manera definitiva. Sin ir más lejos, entre el público hay variedad: caras tatuadas, vestuario deportivo, otros de gala, algunas yendo hacia las ropas anchas, gigantes, full oversize. Es decir: del trap al rap, del hip hop de la calle al que lo escucha por las plataformas digitales. Y también: los que lo relatan en vivo por canales libres de propagandas largas, los que hacen de esto algo oficial y los medios independientes, los escritos sobre todo, agazapados entre la multitud. El freestyle, ya no tan masivo, pero amplio y establecido.

La Red Bull Batalla cumplió veinte años y ya se puede armar un álbum de figuritas con todos los competidores que han estado en instancias definitivas. Antes casi única, y ahora en diálogo con eventos como la liga Bazooka, las tablas del freestyle fueron y vinieron de las competiciones en plazas a los grandes boliches (no voy a decir venues) de Buenos Aires. La primera imagen de esos 16 competidores es de renovación. Aunque esté Tata, entre los jóvenes, parece que el contexto de este evento se armó para las futuras estrellas del género. La segunda imagen es para Larrix. Uno sabe cuando un competidor tiene el aura definitivo de campeón. Destilaba el olor, un aroma que se metió en cada rincón del galpón del barrio de la Chacarita. Desde los octavos contra Zaina se notaba. De hecho fue en ascenso durante la tarde del sábado. No se le hizo fácil contra Exe pero llegó a la final y la jugó como tal. Entraba el Flaco Di María por el fondo.   

Mi última imagen de la Red Bull había sido una edición de un microestadio. El freestyle como fenómeno y hit. Leo por X que el mayor hate viene por ese lado: “Ya no va nadie”, bardean. Pero me gustaría preguntarle a muchos artistas qué darían por llenar un Art Media. Las varas en la cultura musical, el entusiasmo por estar donde hay que estar, la fidelidad de los que van por amor a esta cultura. Arriba del escenario se escucha que el rap es como un padre cirujano porque “Salva vidas”. Me encanta cuando exageran con la historia en la improvisación. También me gusta que estén políticamente más correctos en las líneas y no termine todo en un puto o puta. Mader faker así escrito por la sonoridad. Aún así, gana el incorrecto, el que arriesga, ganó Cobe su batalla contra Sofhia por apostar a ese foco. Aunque le digan ballena, y el lugar explote de emoción, el loco terminó siendo uno de los finalistas.  

En la final Larrix no largó sus mejores líneas pero estaba decidido a ganar con lo justo. En la primera intervención construyó una hipótesis con el “Puede ser” y medio que se regaló para el descanso pero Cobe no le encontró la vuelta. Tanto se ofuscó que en la entrada directa de la segunda instancia quiso improvisar un doble tempo y las palabras se fueron al baño. A esa altura Larrix ya se sentía ganador del certamen. De hecho, salió de la flojera de Cobe diciendo que estaba hecho para ser campeón. Esa era su decisión, a pesar de su frustración con el certamen. En el discurso final dijo “perdí en todas las instancias de esta competencia pero seguí y acá estoy”. En una de las últimas líneas, casi sin cuerdas ya, dijo que él era Scaló´ y esta (señaló a todos los participantes) su selección. Fin de la historia, fue el campeón.

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Publicado el 29 enero, 2026

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