La voz de Rubén Albarrán no sólo suena fuerte en canciones de Café Tacvba sino, también, en el necesario debate sobre política e industria.
✎ Sergio Arboleya
Cuando la industria del entretenimiento avanza con su andanada de productos fugaces y descartables entre los que se incluyen palabras e ideas, Rubén Albarrán, voz cantante de la mundialmente conocida banda mexicana Café Tacvba, evita caer en la volteada.
A seis meses de haber sido uno de los impulsores del boicot a Spotify y en medio de la presentación del pedido a las discográficas Universal y Warner para sacar al grupo de esa plataforma de música en línea, el artista de flamantes 59 años aprovechó para fundamentar su posición en una charla íntima y sabrosa con el productor y animador Melo Montoya que puede escucharse como podcast y apreciarse también en YouTube.
“Lo primero que yo me enteré es que el CEO de Spotify, Daniel Ek, había invertido algo así como 600 millones de euros en tecnología militar y ya estábamos con la guerra en Ucrania y la ocupación de Palestina. Y sentí que lo que estaba haciendo era tomar la energía de la música para pagar drones que matan a niños en la franja de Gaza, en el Congo, en Sudán y poniéndola en nuestra contra cuando la música es medicina, es acompañamiento y debe ser un bien para la humanidad. Desde entonces se han sabido muchas otras cosas como que pone, además, anuncios del ICE (el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas en Estados Unidos), cosa que es terrible. Todo pareciera que va dirigido a un control total de la población y a hacernos la guerra a la humanidad, cuando en tiempos de crisis la música debe ser un bien para la humanidad y puede darle fuerza al alma humana para seguir adelante”, monologó el cantante que en sus cuatro décadas de trayectoria además, forjó las agrupaciones Hoppo y Los K’comxtles sin nunca estarse quieto.
Convidado por su interlocutor a cerrar el diálogo proponiendo decretos que ejecutaría en caso de ser presidente, planteó “todos a cancelar Spotify” pero inmediatamente sumó: “y fuera las refresqueras que acaparan toda el agua cuando el agua es un derecho de los seres vivientes aunque esté cotizando en la Bolsa. El agua, la tierra, el aire, son elementos sagrados dadores de vida que hay que cuidar y proteger”.
La declaración que se inscribe en la forjada posición de un músico que ha sabido cambiar de nombre haciéndose llamar Cosme, Rita Cantalagua, Elfego Buendía y Anónimo entre más de una docena de denominaciones pero que se ha mantenido consecuente en sus posiciones políticas (desde su adhesión al zapatismo, a la denuncia por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa o el incendio de los bosques patagónicos que nos asolan actualmente) puede servir, más allá incluso de su propia figura, para reponer la posibilidad de que personajes públicos expresen cuestiones que interrumpan el discurso hegemónico y construyan –en principio desde las palabras- una nueva imaginación colectiva.