Ser parte de algo más grande

Este jueves 4 de septiembre, Santiago Motorizado cumplió uno de sus sueños.

✎ Cecy Díaz

No sé por dónde empezar. La lógica dice que si esto es una crónica de show debería utilizar un criterio cronológico (al menos en parte, claro). Pero no sé. Porque… ¿cuál de todas las líneas de tiempo elijo?

Podría decir que, años atrás, fui a otro teatro porteño para la presentación oficial de lo que se convertiría en el primer disco solista de Santiago (Barrionuevo, aka “Motorizado”). Si tomo este criterio, debo decir que el espectáculo creció en todo sentido: no sólo hay más canciones y la cita es en una sala con el doble de capacidad sino que la puesta en escena metió un upgrade e incluso, aún siendo siempre buenos en la ejecución de sus instrumentos, la propia banda parece estar superándose show tras show, logrando una precisión y swing envidiables.

También podría arrancar diciendo que esas canciones nuevas que estaban siendo estrenadas en el Gran Rex eran viejas conocidas para mí porque tuve el privilegio de escucharlas antes de que salieran en plataformas como Spotify. Ocurrió durante un encuentro en Puro Mastering, el estudio/casa de Eduardo Bergallo en Buenos Aires (uno de los ingenieros más prestigiosos del país que, además de encargarse de todos los discos también opera en vivo al proyecto y por esa misma razón estaba presente en el Teatro, con las manos en las perillas).

Esa preescucha de disco en lo de Bergallo, lógico, fue una convocatoria que compartí con otros colegas que ejercen el periodismo musical. Diferentes generaciones de profesionales haciendo algo que, de alguna forma, naturalizamos pero que no deja de ser un momento único, histórico. Es imposible dimensionar si estamos frente a un lanzamiento más o testigos de una obra que pasará a una selecta lista de clásicos.

Otro posible inicio de esta nota podría ser cómo un joven bajista que escribe canciones desde el corazón para luego cantarlas con toda su fuerza arriba de un escenario creció primero con su banda de rock para luego convertirse en un cantor popular ícono de esta era. “Dale, Chango!”, “Te amo, ¿me amás?”, “Acá hay un cumpleañero”, “Santiiiiiiiii”. Esos fueron algunos de los gritos que se escucharon entre canción y canción, entre emoción y emoción.

Supongo que cualquiera de los tres caminos para relatar la historia son buenos pero creo que me voy a olvidar un poco de todo eso y voy a decir que -aunque la producción del disco supere expectativas y que el show en vivo esté cada vez mejor- todo es una excusa, hasta accesorio, porque lo importante es otra cosa.

Hay una autoridad ganada por Santiago Motorizado que no sabemos siquiera si la buscó. Pero lo cierto es que, en lo sonoro, tiene una identidad muy propia que le nace desde adentro y parece algo tan grande como un tsunami. Tiene tanto huellas de nuestro folklore y tango como referencias a bandas de indie rock extranjeras. Y todo junto es como un camión viniendo de frente.

Otra cosa a tener en cuenta: Santiago no sólo es “un cantante” sino una suerte de referente del llamado “indie platense” o “escena Laptra” pero siempre en esa línea: siendo parte de algo colectivo. De hecho, estamos en el Gran Rex, en la presentación de su material solista y no está solo: junto a él están tocando cinco amigos y una amiga con quienes comparte el camino desde el día uno, artistas que construyeron un sello independiente al cual no abandonan (ni alimentan con “gente de afuera” por pegarla, en el catálogo están solo sus bandas amigas, es un club cerrado).

El repertorio de esta noche en particular incluyó temas de “El Retorno” pero también de esa obra que armó para musicalizar el relanzamiento de Okupas en Netflix, alguna canción de yapa como Cirugía con el propio Dillom sobre el escenario o una canción compartida con Blair. Cerró, claro, él solo con la guitarra haciendo tres clásicos de Él Mató y para coronar la noche contó: “Siempre tuve el sueño de tocar en el Gran Rex”.

Hay artistas como Santiago Motorizado que nacieron para ser canal de sentimientos, para convertirse en cantores populares y por eso creo que no importa si canta en un teatro, en un festival gigante o un patio de casa. Todo es una excusa, algo circunstancial. Lo que logra es algo que casi nadie: ser trascendente, ser parte de nuestra cultura e identidad.

Posiblemente estemos siendo testigos de un momento más que importante, probablemente seamos contemporáneos a uno de los artistas que dejarán legado. Por eso no sé por dónde arrancar una crónica. Vayan a verlo, que siempre está de gira con sus amigos y amigas de la música.

Tambien te va a interesar:

Publicado el 29 enero, 2026

Publicado el 28 enero, 2026