Laboratorio pop

Stereolab hipnotizó al C Art Media con un show mágico en el que demostró por qué sigue siendo una banda fundamental

✎ Daniel Bajarlía

Un cuarto de siglo hubo que esperar para este momento. Es cierto, en el medio hubo un hiato de una década en el que la banda no existió, pero eso no aminoró la espera. El mundo era muy diferente cuando Stereolab visitó la Argentina en el año 2000. Ellos estaban en plena actividad y habían venido a presentar su álbum Cobra and Phases Group Play Voltage in the Milky Night, que de alguna manera inició la caída de su popularidad, tras haber sacado esa trilogía fundamental del pop experimental que integran Mars Audiac Quintet, Emperor Tomato Ketchup y Dots And Loops. Incluso todavía estaba con ellos la guitarrista y cantante Mary Hansen, que falleció en 2002 en un accidente de tránsito. 

El Stereolab modelo 2025 mantiene su esencia, pero está maduro, con la sabiduría de quienes llevan muchos años en esto, pero también revitalizados, tras su reunión de 2019 y, sobre todo, luego de la edición de un nuevo álbum, el excelente Instant Holograms On Metal Film, que debería estar en cualquier ranking de los mejores discos de este año. Conscientes de eso -y ratificado por la aplastante versión en vivo de “Melodie Is A Wound” rebautizada “Capitalism Is A Wound”-, su gira actual se centra en las nuevas canciones y dejan poco espacio para el material viejo. Sin embargo, lo que rescatan es oro puro: clásicos como “The Flower Called Nowhere”, “Miss Modular”, “Percolator” y “Cybele’s Reverie”, y algunos menos conocidos dispersos en sus EPs (y compilados debidamente en las series Switch On), como “The Way Will Be Opening” y “Household Names”. También hay un momento para ponerse ruidosos con “Peng! 33” de su álbum debut, Peng!, una obra clave del rock alternativo de los 90.

Hay un riesgo en salir a tocar casi todos temas nuevos, pero Stereolab sonó tan ajustado que logró conquistar fácilmente al público que llenó el C Art Media. La voz de Laetitia Sadier sigue tan hipnótica como siempre. Además, aporta guitarras, sintetizadores y hasta trombón -en ocasiones en la misma canción, como en “Immortal Hands”-, por lo que es imposible sacarle los ojos de encima. Atrás, el resto del grupo, liderado por Tim Gane, la acompaña con arreglos llenos de sutilezas que obligan a prestar atención a cada instrumento. El cocktail de electrónica, krautrock, avant garde, bossa nova, chanson y un sinnúmero de géneros que está en su música, suena al unísono y con una prolijidad imperturbable, incluso en los largos pasajes instrumentales donde se abre el juego para que cada músico vuele un poco.

Es una suerte que Stereolab se haya reunido y haya sacado nuevo material. Es una suerte que hayan vuelto, a 25 años de su última visita.  En tiempos donde la música tocada en vivo parece haber perdido importancia, y que da lo mismo si hay samples o pistas pregrabadas, haber visto en vivo semejante banda despierta la esperanza. No todo está perdido. Allí está Stereolab para recordarnos que se puede ser experimental, accesible y virtuoso al mismo tiempo sin caer en snobismos y pretensiones. Los que estuvieron anoche saben que fueron afortunados.

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Publicado el 29 enero, 2026

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