P de power pop

Primavera Sound nos regaló un momento único: Teenage Fanclub debutó en suelo porteño con un show de ensueño en el C Art Media

 Daniel Bajarlía

Power pop. Noise pop. Jangle pop. En 1991, mientras Nirvana llevaba al mainstream el grunge y My Bloody Valentine hacía lo suyo con el shoegaze de la mano de Loveless, desde Escocia Teenage Fanclub condensaba el post punk arty y pop que había plasmado el clásico compilado C86, curado por la revista NME y que impulsó las carreras de Primal Scream y The Soup Dragons, y le daba una nueva vida al pop eléctrico y a la psicodelia suave que había popularizado Big Star a principios de los ‘70 y, unos años antes, The Byrds, con ese sonido brillante de guitarra que luego George Harrison hizo propio y convirtió casi en su marca personal. Aunque en el fondo todo ese sonido de los ‘90 compartía una raíz común, con Bandwagonesque la banda de Glasgow marcó una tercera posición que al poco tiempo derivó en el auge del Britpop.

Pasó mucha agua bajo el puente. Cambiaron las tendencias musicales, el rock dejó de ser el centro de atención para la industria tras atravesar distintas etapas (nü metal, retro rock,  dance punk, emo punk, etc.), muchos artistas cayeron en el olvido y, sin embargo, el grupo fundado por los cantantes y guitarristas Norman Blake y Raymond McGinley siguió ahí, incólume, creando unas melodías irresistibles que en un mundo ideal los habría hecho tan grandes como Nirvana y Oasis. Sin ir más lejos, en su momento recibieron elogios de Kurt Cobain y Liam Gallagher afirmó que eran la segunda mejor banda del mundo, solo después de la suya.

Tal como ocurrió con Supergrass hace tan solo algunas semanas, el debut de Teenage Fanclub en la Argentina era otra vieja deuda pendiente que no defraudó. Los escoceses recorrieron toda su discografía, desde su primer single “Everything Flows”, que da cuenta de su primigenia etapa caótica y noisy, hasta “Falling Into The Sun”, de su correctísimo último álbum Nothing Last Forever (2023), que es de una belleza indiscutida.

En 2018, el quinteto sufrió su baja más importante. El bajista Gerard Love decidió dar un paso al costado, a pesar de haber sido el autor de canciones fundamentales, como “Alcoholiday”. Blake y McGinley le rinden tributo, al mismo tiempo que deciden dejar fuera de la lista otros hits de su ex compañero, como “Ain’t That Enough”. En su lugar, aparecen gemas de su otro disco más reciente, Endless Arcade de 2021, que maridan a la perfección con los temas viejos. La clave está en la simbiosis que existe entre las guitarras y las voces de sus líderes tras 36 años juntos, que se entrelazan en unas armonías que remiten al mejor pop barroco, como dejaron en claro desde el inicio con “Tired Of Being Alone”.

Tal vez el mayor mérito del quinteto -que completan Francis Macdonald en batería, Dave McGowan en bajo y Euros Childs en teclados- sea el de saber qué canciones rescatar de un repertorio que no tuvo la atención que merecía, como sucede con “It’s All In My Mind” y “The World’ll Be OK”, dos gemas a la altura de clásicos como “What You Do To Me”, que suena con la frescura de la juventud eterna, y “Metal Baby”, que podría haber sido un éxito de The Wonders si el film de Tom Hanks That Thing You Do hubiera estado ambientado en la Cool Britannia.

Teenage Fanclub inauguró Primavera Club, el ciclo con el que el festival Primavera Sound vuelve a tener presencia en el país. Continuará en noviembre con los shows de las japonesas Otoboke Beaver, Helado Negro -que regresa tras su debut en la primera edición del festival español- y Bloc Party, que vuelve para celebrar los 20 años de Silent Alarm, su álbum debut (y el mejor de su carrera). Después de lo que dejaron los escoceses, la curaduría es más que prometedora.

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Publicado el 28 marzo, 2026