Avenged Sevenfold vuelve a la Argentina. La cita es el jueves 25 de septiembre en el Movistar Arena ubicado en el barrio porteño de Villa Crespo.
Cuando Avenged Sevenfold (A7X) regrese a la Argentina como parte de la gira Life Is But a Dream… Tour, no será solo un show más de una banda estadounidense en Sudamérica. Será la llegada de un grupo que atravesó más de dos décadas de cambios estéticos, tragedias, reinvenciones y búsquedas permanentes. Una historia de transformación constante que convirtió a cinco adolescentes de Huntington Beach en referentes ineludibles del metal contemporáneo.
La génesis se remonta a 1999. En esos años iniciales, A7X se movía en los márgenes del metalcore melódico (una fusión entre la agresividad del hardcore punk y la potencia del heavy metal, con gritos, riffs pesados y breakdowns demoledores) explotando la veta más hardcore y un espíritu de garage. Sounding the Seventh Trumpet (2001) fue un debut adolescente, visceral, desprolijo, pero con la energía de quienes necesitan gritarle al mundo que existen. Ese grito se fue afinando con Waking the Fallen (2003), donde las guitarras de Synyster Gates y Zacky Vengeance empezaron a marcar un camino: un diálogo de riffs y melodías que iba a convertirse en marca registrada.
El verdadero salto de calidad se dio en 2005 con City of Evil. Fue el disco que los sacó del underground y los colocó en el mapa global. Abandonaron casi por completo los screams y abrazaron un metal más clásico, con ecos de Iron Maiden, Pantera o incluso Queen. Bat Country los catapultó a la masividad: solos vertiginosos, teatralidad y estribillos diseñados para estadios. A partir de allí, el mundo empezó a hablar de Avenged Sevenfold como “la nueva gran banda de metal estadounidense”.
En 2007, el disco homónimo Avenged Sevenfold profundizó esa búsqueda, con canciones que combinaban agresividad y experimentación. Allí aparece A Little Piece of Heaven, una obra insólita que mezcla arreglos orquestales, teatralidad grotesca y un relato de humor negro. Una muestra de que A7X no tenía miedo a incomodar ni a quebrar moldes.
El 28 de diciembre de 2009 marcó un antes y un después: la muerte de Jimmy “The Rev” Sullivan, baterista y alma creativa del grupo. Su ausencia casi termina con la banda, pero el golpe se transformó en música. Nightmare (2010) fue el disco del duelo: oscuro, visceral, con canciones como Nightmare y So Far Away, que funcionaron como epitafio y como catarsis. Fue la prueba de que podían reinventarse incluso en medio de la tragedia.
Con Hail to the King (2013), la apuesta fue distinta: riffs más simples, un sonido deliberadamente clásico, cercano al metal de estadio. El disco polarizó opiniones, pero consolidó su capacidad para llenar arenas y sonar masivos sin perder identidad. Tres años después, con The Stage (2016), tomaron el camino opuesto: un disco conceptual y progresivo, atravesado por reflexiones sobre inteligencia artificial y el futuro de la humanidad. The Stage es un ejemplo de esa ambición: más largo, complejo, estructurado como un viaje.
Su última mutación llegó con Life Is But a Dream… (2023), un álbum que se anima a romper su propio molde, con pasajes que van del metal extremo a incursiones en jazz, rock experimental y atmósferas inesperadas. Para algunos fue un paso demasiado arriesgado; para otros, la confirmación de que Avenged Sevenfold nunca se conforma con repetir fórmulas. Lo cierto es que pocas bandas mainstream del género se atreven a moverse tanto.
El regreso a la Argentina tiene, además, un peso simbólico. Pasaron más de diez años desde su última visita. En ese tiempo, el público local se expandió, nuevas generaciones descubrieron a la banda, y los viejos seguidores mantuvieron viva la llama con cada lanzamiento. Esta gira promete un setlist que combine los clásicos inevitables —Bat Country, Afterlife, Nightmare— con canciones de su etapa más reciente, mostrando el puente entre lo que fueron y lo que son hoy.
Avenged Sevenfold no llega como una banda de nostalgia: llega como un grupo en movimiento. Su historia es la de la mutación constante, la de un colectivo que se rehace después de cada caída y que se atreve a buscar en lugares incómodos. Desde el metalcore adolescente hasta la experimentación conceptual, desde el duelo de Nightmare hasta la extravagancia de Life Is But a Dream…, lo suyo fue siempre elegir el riesgo antes que el estancamiento.
En Buenos Aires, ese recorrido se volverá carne frente a un público que exige entrega total. La expectativa es alta, pero Avenged Sevenfold se formó precisamente en el desafío: el de demostrar que el metal del siglo XXI todavía tiene caminos por explorar, y que ellos, más de veinte años después de sus primeros gritos adolescentes, siguen dispuestos a recorrerlos todos.
