Solca hizo su primera presentación en los barrios porteños el pasado 16 de abril en Liverpool Club
✎ Sofi Dalponte Roibás
Oriunda de Rojas, se mudó a Rosario para cumplir su sueño de estudiar psicología que pronto se transformó en otro: el de la artista que vive su vida pegada a la música.
Sol Cascardo se prepara con mucha tranquilidad y expectativa. Hay un fuego que la empuja y que la mantiene en su eje. Hay un deseo muy fuerte de ser recibida y cooptada por la escena porteña, aunque reconoce que todavía no es el momento. Sin embargo, sabe muy bien lo que quiere. Tiene 26 años y sabe muy bien lo que quiere.
Sol: hace un tiempo que mi intención es mudarme no sólo conceptualmente, digamos, que me conozcan acá, sino también mudarme. El tema es que está un poco complicado porque el país está en un momento medio raro. Entonces, económicamente no puedo ahora venir, si no ya estaría acá.
No es solo por el porteño-centrismo típico de nuestro país, que dificulta las posibilidades de crecimiento para proyectos que no pertenezcan a la Ciudad de Buenos Aires, sino decisiones políticas que la artista detecta en este último tiempo y que profundizan esa realidad.
Sol: este último tiempo Rosario está siendo bastante bombardeada culturalmente por leyes que hace que estén cerrando muchos espacios culturales, hay persecuciones en otros también, no hay lugar para tocar. A menos que sean los grandes lugares que tenés que traer 2000 personas. Hay una debacle muy grande culturalmente que es todo lo contrario a cuando yo me fui a vivir allá.
Solca es una artista muy consciente de su contexto y su trayectoria, que es corta pero prometedora. En 2024 lanzó su primer disco, DIRTBAG donde dejó evidencia de que puede rapear sobre canciones bien orientadas al rock o nu-metal y mantener una impronta hip-hopera sin esquivar su predilección por el rock (el título de la canción “No me dejaron salir” es una referencia que lleva a un solo nombre). Además, teloneó a Wos en su visita a Rosario en noviembre de ese mismo año.
2025 la encontró lanzando un nuevo single, Nueva Piel y realizando su presentación en el Festival Bandera, uno de los festivales más importantes de Rosario —sino el más— que se realiza desde hace seis años. El 2026 es el escenario para un nuevo single, Hacela Bien, y el lanzamiento de su próximo disco que será en septiembre.
—¿Qué podés contar de esta nueva etapa?
—El disco es una profundización de todo lo que se venía planteando, No hay tanto hip hop per se, más allá de que uso el recurso lírico del rap. Me permití incluso dejar ese lugar de comodidad, de escribir de cierta forma, entonces dije “no, pará, estoy muy cómoda, voy a irme al otro lado”. Hay muchas cosas que fui explorando. Digo “profundización” porque entendí en el trayecto de la finalización de mi primer disco qué es lo que quiero decir. Y este segundo disco tiene la particularidad de que lo arranqué al toque de que salió mi primer disco y que me empezaron a suceder cosas que no me habían sucedido nunca en la vida, de abrir la voz, de tocar delante de mil personas, darle más rosca, tener más visibilidad, etc. Entonces este segundo disco lo arranqué a escribir ahí al toque, con toda esta cosa nueva. Está más pensado. Pero es un disco que tiene mucho que ver con eso, con la honestidad, con la visceralidad.
Además, ahora tiene un equipo distinto que también la apoya en otros aspectos como lo visual, parte muy importante para su propuesta y que aprendió de uno de sus referentes: Prince.
—Actitudinalmente un ídolo mío es Prince, con esta cosa de imponer pero no por querer imponer sino porque su ser se expandía de una forma, además de este lado andrógino y de ser un tipo en los años 70, 80, ponerse tacos y hacer toda esta perfo. Esos ejemplos de vida y de puestas me han influenciado.
Otra referente que cayó de maduro fue Marilina Bertoldi:
—Obvio que sí. Pero por todos lados. Musicalmente, históricamente. Yo me crié escuchando su música entrando a la adolescencia, me llegó la data de ella y como que se me re-configuró el cerebro.
Dice que le encantaría abrirle un show en Rosario y a sus seguidores en las redes sociales también, es una conexión natural que se da por lo parecido de sus personalidades, tan irreverentes y provocadoras.
—¿Cómo ves la participación de las mujeres en el rock, en la escena actual?
Acá en Baires hay como un florecimiento de muchas chicas, frontwoman o bandas de chicas gritando cosas porque estamos todas re podridas y hay un boom de eso. Por favor, que se mantenga para siempre. En lo mainstream veo que no cambió nada. Incluso en los festivales, ves mujeres con carrera reconocidas tocando a las tres de la tarde cuando un tipito después lo cierra porque es número uno en Spotify. Antes era porque no tenían carreras, ahora porque no están en los rankings. Siempre algo, siempre algo. Se volvió un poco para atrás. Antes, de última, respetaban el cupo femenino por miedo al escrache. Hoy por hoy ya ni eso. Está medio rara la cosa.
—En tu carrera solista cumplís varios roles, ¿cómo te manejás con eso?
Yo laburo con la música, y estoy en otras bandas como sesionista en el bajo, soy productora de artistas, me sustento de esa forma, doy clases de bajo, vivo también la música desde el lado de la profesión. Es porque me sale, incluso amo, no es algo que padezco, que cumplo distintos roles porque no encuentro a alguien que lo cumpla, sino que sale y me encanta.
Sol, con padres artistas, estudió música a los once años sin saber que iba a terminar siendo una más de la familia. Una profesional que ama lo que hace sin padecerlo, que se junta con otra gente a grabar y producir sus propias canciones o las de otros.
Por momentos se pone metafísica y profundiza sobre la honestidad en su obra, de su ambición por explorar y no ir siempre a lo seguro. Evita ser banal o quedarse en la superficie,tanto en sus canciones como en sus respuestas.
—Has hablado de que cuando eras chica te devorabas los libros, ¿hubo alguno o algún/a autor/a en particular que influenció tu forma de expresarte?
—Hay autores que marcaron mi forma de pensar. Siempre fui muy fan de la lectura, más que nada de la lectura pseudo filosófica o novelas filosóficas. Mi autor favorito de toda la existencia es Milan Kundera, me leí todos sus libros. Quien se asemeja mucho es Cortázar. Su lectura es intrincada, pero hay algo del laberinto de las palabras y cómo se plantea, que a mí siempre me fascina. Entonces yo creo que más allá de que si influenció no mi música directamente, sí obviamente se encuentra en mi dialecto y en mi forma discursiva en general de hablar y eso se nota en las letras e incluso trato de que se note en las letras.
—El deseo estaba muy presente en su obra. ¿Qué desea Solca?
—El deseo atraviesa y es algo que siempre va a estar en movimiento, es la pulsión de vida. Yo estoy habitando mi deseo estando acá hoy, viniendo un jueves a tocar a Baires y haciendo todo lo posible para que sea fantástico, para pasarla bien, que la gente disfrute mis canciones y yo disfrutar brindándoles eso. Eso es habitar mi deseo. Hoy por hoy lo estoy haciendo. Estoy obrando para eso. Obviamente, si aspiramos un poco más sería habitar el deseo de poder hacerlo full time y bien abocada a mi carrera. Pero la verdad es que yo quiero hacer esto toda la vida. Amo estar tocando el bajo en una banda. Yo soy una chica sencilla, la verdad. Hacer estas cosas y poder rendirle honor a mi deseo y a lo que amo, eso ya es muchísimo.
La pulsión de vida. La ambición de comerse el mundo, o al menos, la Ciudad de Buenos Aires por una noche. Las ganas. La avidez de contar su historia y a su forma, con sus palabras, su mirada. Solca se mueve entre la intensidad de su amor por la música y la paciencia de ir paso por paso, con paciencia pero firme, y pareciera que nadie la va a convencer de parar.