La revista Malas Artes lanzó su edición número 15 con un evento en el Centro Cultural Thames
✎ Sofi Dalponte Roibás
Si hubiera que elegir una de las palabras más dichas, escritas y explicadas de estos tiempos, seguramente sería “algoritmo”. Esa palabra difícil de definir pero fácil de entender, porque ya rige nuestras vidas virtuales y transforma nuestras experiencias. Porque presenta una “realidad” perfectamente diseñada para nosotres, haciéndonos creer que es mejor quedarnos ahí, en ese cuadradito digital.
El pasado viernes 14 de agosto la revista Malas Artes lanzó su edición gráfica número 15 en el Centro Cultural Thames. Sí, en papel. Sí, eso que se puede tocar con los dedos. Se trata de un cancionero que elige obras de distintas mujeres y bandas de toda Argentina. Para esto reunió a muchas de las artistas de este número y, como si fuera un desfile de talentos, cada una cantó tres canciones, honrando la presencia de mujeres y diversidades en nuestra música.
El encuentro. La capacidad de moverse, salir y dejarse sorprender. La convocatoria contó con voces reconocidas como Paula Maffía, Chechi de Marcos, Carmen Sanchez Viamonte, y otras con menos trayectoria como Pilar Fogwill o Paz Estrach, lo que generó un cruce entre ídolas, amigas y seguidoras entre sí que se demostró en cada palabra afectuosa que se daban al pasarse el protagonismo.
Esta suerte de cofradía de artistas independientes y solidarias entre sí jugaron con sus voces, rompieron un poco el libreto y se invitaron entre sí para cantar algún que otro cover, se afinaron las guitarras, se hicieron coros, y demás gestos propios de una comunidad con un único fin: seguir alimentando la maquinaria —porque lo es— del under y, quizás, permanecer allí porque sí, como un fin en sí mismo, como supo destacar Barbi Recanati en una entrevista para Página 12:
“Para mí está bueno hablar de la autogestión porque creo que está pasando algo de época: se habla mucho del under, una palabra que había pasado de moda y volvió en los últimos años. Está bueno mencionar que, como artista, no importa qué edad tengas, está bueno saber que hay espacios que no siempre son un trampolín para ir a otro espacio, y que no siempre son la antesala a algo más grande. Son espacios en los que uno a veces decide crear arte y quedarse por un montón de cuestiones muy positivas para la música y para la vida. No es que sea el plan B, muchas veces es el plan A y por eso es un espacio a cuidar.”
Un espacio a cuidar donde lo primero es la música, y listo. Donde se valora a mujeres como Rosario Bléfari y María Gabriela Epumer, las homenajeadas de la noche cuando Flopa, con Paula Maffía, hicieron Viento helado o Amanda Pujó con Natasha Doe cantando Espero que el sol salga. Destacar a gestoras o músicas fundamentales de nuestra historia sigue siendo, hoy, una tarea pendiente. Sin esperar a que lo haga la industria, lo hacen una y otra vez las voces del denominado under.
Lejos de romantizar, es innegable la actividad cultural de la Ciudad de Buenos Aires, sobretodo en los centros culturales como el Thames, gracias a la capacidad autogestiva de movimientos como la Revista Malas Artes y su misión de juntar estas artistas —además, de distintas partes del país, detalle no menor— por una noche. Hay algo invaluable que se genera cada vez que se dan momentos así, que ningún algoritmo podrá superar. El desafío está en lograr salir del metro cuadrado propio y permitirse encontrarse con algo nuevo, no tan conocido, y que es mucho más amigable para el bolsillo que sacar en múltiples cuotas una entrada a un concierto en un estadio.