El Festival Mutante tuvo su quinta edición en el Complejo C Art Media juntando bandas y artistas de variada trayectoria
✎ Sofi Dalponte Roibás
Ella juega con los cables. Intenta desenredarlos o desordenarlos más. Parece tenerlos bajo control, pero no. Parece que no los va a dominar, pero sí. Ese disparate que sale del micrófono y forma una mancha negra ya es parte del decorado, de la performance de Barbi Recanati. Entre saltos, bailes para atrás, para adelante y para el costado, de un lado al otro, como dueña absoluta del escenario, despliega su lista de temas preparados para el Festival Mutante en el Complejo C Art Media..
Cuando no estaba tocando sus canciones con la guitarra, se dedicó a vomitar toda su energía a través de cada articulación de su cuerpo, contagiando al público, que siempre respondió con cantos y pogos, yendo de menor a mayor.
“No voy a ir a tu fiesta / nadie habla de tristeza / y me aburre este mar de frialdad” de El sur sonó más presente que nunca, como si cada pedazo de canción fuera elegida intencionalmente para su interpretación en vivo ese día.
Y la semilla fue plantada.
Después de cierta entrada en calor con Submundo, Todo sigue igual y Teoría espacial, llegó lo inevitable: por si alguien pensaba crear una burbuja de demencia fingida y hacer de la ignorancia una trinchera de mentira, Barbi retomó lo cantado en el primer tema al decir que, aunque estemos tristes, hay que bailar. Advirtió que se venía un breve discurso, a pesar de quienes podían pensar que van a un festival a escuchar música, no a hablar de política, pero a ella no le importó porque su tristeza le pesaba más. Y, consciente de que no era la única, contó su teoría: “si todos estamos mal porque está todo mal, entonces significa que algo está bien”, retorcido pero con cierto sentido, aunque haya sonado un intento desesperado por tener esperanza y compartirla: “esto se va a terminar”. Con los pies sobre la tierra y bien enterada de que no debía —y tampoco podía— salvar a nadie con sus palabras, propuso no dejar hundir a los amigos. Porque si hay algo que se vio en el festival entero fue la celebración de, a pesar de todo, vale la pena juntarse, con amigues, con parejas, con familia, pero apostar a encontrarse.
Cuando Alejandro Dolina escribió Instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight era el año 1999 y también parecía que pocas cosas, sino nada, tenían sentido. Por eso, hoy se puede leer con tanta vigencia
“13) No está tan mal ser triste, señora. El que se entristece se humilla, se rebaja, abandona el orgullo. Quien está triste se ensimisma, piensa. “
Barbi Recanati mira de frente a su propia tristeza, se adueña y la comparte, con ansias de que se termine y no de regocijarse en ella. Su show, enmarcado en un festival que reivindica la transformación y la independencia, fue todo lo contrario a la solemnidad o al pesimismo.
El anteúltimo tema cerró un círculo perfecto porque fue una versión más rockera y menos íntima de Nada Nadie 2, aquel manifiesto tan realista como tierno: “un tsunami de odio lo decide todo / Pero cuando me mirás no tengo nada malo que decir / De nada, ni nadie”.
“Los muchachos tristes nos reímos mucho, le aseguro. Pero eso sí: a veces, mientras corremos entre carcajadas, perseguidos por las víctimas de nuestras ingeniosas bromas, necesitamos ver un gesto sombrío y fraternal en el amigo que marcha a nuestro lado. Es el gesto noble que lo salva a uno para siempre. Es el gesto que significa “atención, muchachos, que no me he olvidado de nada”. Instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight (1999).
Hundirme en lo mejor
El espíritu de la quinta edición fue la celebración de lo autogestivo, de lo independiente y lo alternativo. No solo por la presentación de artistas —algunos más instalados que otros— sino también por la presentación de distintos DJ Sets entre banda y banda, además de la feria que se pudo recorrer al costado del escenario y los stands con merchandising oficial de quienes tocaban.
Con un ritmo milimétricamente cronometrado, se sucedieron uno a uno los nombres del line up: Sunlid, Nina Suárez, Lucy Patané, Mujer Cebra, Mi Amigo Invencible y Barbi Recanati. Agrupando artistas con 20 años de trayectoria y otros con menos, pero con un mismo objetivo: esquivar etiquetas y seguir su propio camino.
El protagonismo y las luces estuvieron bien equilibradas sobre cada artista, todos con su impronta.
Presentada como “la promesa del indie”, Sunlid debutó en el Festival con un adelanto de una canción de su próximo disco, el segundo, hicieron un cover Nunca quise de Intoxicados con su propio estilo y dieron una muestra del pop alternativo que están construyendo desde Zona Norte.
Nina Suárez dio el presente con su sensibilidad y apego a la guitarra, contando con toda la banda al principio y terminando su show ella sola con su instrumento, sin ánimos de querer irse. Yendo in crescendo en cuanto a intensidad, se mostró exprimiendo su guitarra a base de solos y riffs, mientras recorrió su último disco, tan festejado, El lado oscuro.
Si la potencia tuviera un origen, se encontraría en la guitarra de Lucy Patané y su presencia escénica. La noche fue llegando y con ella crecieron las capas y capas de rock que se sumaron con temas como Clavícula, Lo caro y Trámites burocráticos, tiñendo la escena de ira.
El disco Inhibidor sigue siendo testeado y bien recibido en vivo. Mujer Cebra fue la última banda confirmada y, como si contaran con más años de recorrido, presentaron temas ya conocidos y nuevos, entre pogos y bailes que el público, mayormente joven y con ganas de saber en qué anda lo nuevo, celebró.
Para Mi Amigo Invencible no hicieron falta presentaciones: sus temas fueron cantados por el público sin necesidad de que Mariano di Cesare (cantante) los guiara. Cada integrante dejó su huella y aportó a la interpretación de sus hits más bailables: Impecable, Lejos de todo, Llamada perdida, entre otros.
Un festival que fue más que juntar en un mismo día a varios exponentes de la escena alternativa/independiente, Un evento que culminó con el éxtasis de haber presenciado físicamente a grandes y prometedores artistas, y también con la certeza de que nadie está dormido. Nadie se olvida del contexto en que se inscribe cada evento cultural al día de hoy. Pero, al menos, se reclamó el derecho a bailar, hacer pogo con las bandas conocidas, y conocer otras que no lo son tanto para seguir el camino marcado por un festival que celebra la transformación.