La piel sensible (y bailable)

El Teatrito, Niceto Club y Deseo fueron los lugares elegidos para “las noches violentas” de Dillom. Y estuvimos en uno de ellos para ser parte de la historia

✎ Adrián Murcia

Último show de la noche. Un silencio lleno de humo se apodera de la nave Deseo (la ex fábrica textil resignificada como sala de conciertos y fiestas). Algunas personas gritan -desde el público- frases intraducibles. “Perdón, pero no doy más, creo que no llego. ¿Alguien tiene un paracetamol o algo? Bueno, dénselo a algún quebrado porque yo quiero seguir la fiesta, carajo”. Dillom, siendo Dillom, tira un chiste y arranca a sonar Minas, el octavo tema del disco.

Vestido con una camisa de satén fucsia a rayas verticales con una corbata que completaba el look con un parecido innegable al personaje Austin Powers (ese espía famoso de las satíricas películas yanquis de fines de los 90’), Dillom se mueve por fuera de las poses y celebra todo lo que es, incluyendo su perfil desalineado (obvio). 

25 años tiene el rapero, trapero y rockero Dylan León Masa -ahora conocido como “Dillom”-, quien lanzó un tercer álbum de estudio mediante el cual describe con acidez una actualidad densa, artificial, hiperestimulada y ultraconsumista. Lo hace sin solemnidad, con ese guiño humorístico y sincero que lo caracteriza, con un ritmo clubero que hace bailar. De hecho, la sátira y los chistes internos con sus compañeros de banda están en todas las canciones del álbum. “No me gusta la cara de ojete de la nueva camada de artistas”, comentó el cantante durante una entrevista reciente para Billboard (y lo hizo riéndose cual niño que no sabe si está bien o mal lo que dijo).

El sonido del álbum pasa por distintos géneros: electrónica, post-punk, new wave y un rap ensamblado con sintetizadores y bajos procesados crean un sonido único, actual, con claras referencias a artistas que lo influencian como Viagra Boys, Charli xcx o el pop de Miranda! –de hecho, Ale Sergi Y Juliana Gattas aparecen en los coros de Gente común. 

Dillom es sólo un nombre, un proyecto artístico, una imagen también pero atrás hay una banda rockera y afilada que sabe lo que hace. En estas tres presentaciones fugaces, a la banda completa –guitarras, teclado, bajo y batería- se le sumaron los tétricos e hipnóticos coros de las cantantes y compositoras Juana Rozas y Blade Blade, lookeadas para performear como si fueran dos protagonistas de un filme de David Lynch.

Hace un tiempo, en una entrevista con Pedro Rosemblat, el Indio Solari supo decir que “un artista es la piel sensible de la sociedad”. Parece que Dillom viene a mostrarnos como esta nueva violencia que baja desde el insaciable capitalismo que devora todo, o desde el propio Estado, se instaló en la dermis de los cuerpos de esta tecnocracia que se volvió la vida moderna. Las letras del nuevo álbum, casi todas en primera persona, hablan de una manera cruda y directa del dinero, la sexualidad, la mercantilización de los sentimientos, el desamor, la fama, la moda, el derroche, los excesos y lo deforme como una identidad elegida para escapar y al mismo tiempo pertenecer a ese laberinto cotidiano.

La noche avanza en Deseo y la locura también, los ritmos frenéticos y las letras de las canciones nuevas hacen al público saltar, cantar, bailar y transpirar. Se genera una especie de simbiosis energética entre cada estribillo que se repite en el escenario y en el público, una catarsis de jóvenes –incluido el cantante- que necesitaban que alguien cante lo que pasa, sin filtros.

Souvenir –la única canción “lenta” del disco-, es la que mejor representa esa necesidad, muestra una sensibilidad visceral para hablar de una relación que se rompió: “Sé que la culpa es mía, por querer parecerme a vos y a tu vida / Tan egoísta y generosa sin querer / No me conformo con tus cuotas de placer / Inolvidable sensación que me arranco de mi dolor / Quiero encerrar este amor, encadenarte al colchón para nunca sentirme tan, tan solo / Es la impotencia que me da no ser tan trola como vos”. 

Cuando suena Superdiversion, uno de los temas más electrónicos del disco, la gente delira: “Pase por acá pero ya me voy / voy a ver qué pasa en la otra habitación / no me quiero perder ni un segundo de acción / no puedo no ser parte de la superdiversion”. En Fashion entra Noduermo –artista, amigo y director creativo de Bohemian Groove Corp, el sello del que Dillom es parte y socio fundador- con una desopilante peluca rosa para sumarse a los delirios y también a los coros del estribillo con voz de ultratumba robótica. Continua con Nadie coge gratis y sube la excitación con Palermo Hollywood: Fui al baño bisexual y dije hola que tal / hoy voy a festejar que no me siento tan mal / 

El show va llegando a su fin, el último tridente elegido para cerrar la noche son Rojo profundo, Amigos y Buenos tiempos –la única de Por Cesárea-. La lluvia y el frío afuera es incesante, adentro el calor de una comunidad deforme, alegre y fiestera abriga a todos por igual. Dillom no duda en mostrarse políticamente incorrecto, emana esa desfachatez que se necesita para ser uno mismo, al menos por un momento, en una época en donde las redes sociales nos hacen ser un personaje perfecto, sin fisuras, para agradar y tener me gustas. Sin duda, presenciar su show es una victoria en medio de tanto desconcierto.

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Publicado el 22 agosto, 2026

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